martes, 27 de noviembre de 2018

El infierno


27 de Noviembre



El infierno

Aquel sótano era como bajar a los infiernos. Estaba oscuro, olía a humedad, sangre y desesperación. Se oían respiraciones entrecortadas, otras ni se oían. El guardia abrió los infinitos cerrojos de aquella puerta demoniaca, accionó el interruptor de luz, se volvió a colgar el manojo de llaves en la hebilla del pantalón y arrastró a la presa a seguirlo.

Abajo no había ni una sola ventana, ningún lugar por el que pudiera entrar un rayo de sol o aire puro. El guardia se llevó la mano a la cara ante el hedor que lo invadió. En cada rincón de aquel zulo había cuerpos tirados, almas cansadas de batallar, otras desfallecidas ante la falta de comida y otras que hacía días que habían decidido abandonar aquella pesadilla. La presa iba a su derecha. Avanzaba de rodillas, arrastrada por aquel hombre vestido de negro. Llevaba las manos atadas con cadenas, las ropas hechas pedazos y en la mirada llevaba sed de venganza.

El guardia abrió una de las celdas y empujó a la presa dentro. Cerró la celda, miró a la mujer y le lanzó una sonrisa burlona. Se dio la vuelta, subió de nuevo las escaleras y tras apagar la luz cerró sin cejarse un cerrojo de aquella puerta infernal.

Cuando la mujer consiguió ponerse en pie, se agarró a los barrotes de la celda y comenzó a gritar:

—¡Hijo de puta!

Alrededor, todas aquellas que aún conseguían mantenerse con vida la escucharon sin rechistar, sabían que, a pesar de no conseguir nada, era la única manera que tenía de liberarse.



Continuará…

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