lunes, 26 de noviembre de 2018

La cueva de Venus


26 de Noviembre

La cueva de Venus


—Está muy oscuro.

—Lo sé, ¿pero consigues ver algo?

—Sí, creo que sí.

Len y Gina eran dos jóvenes a las que la curiosidad le podía. Len era decidida y le gustaba experimentar con nuevas sensaciones, nuevos lugares; Gina era curiosa y se dejaba llevar por los sueños de Len.

Un día, Len le habló de su lado aventurero, quería explorar zonas desconocidas hasta ahora, perderse en lugares misteriosos, Gina ante tanto asombro decidió embarcarse en aquella nueva aventura.

Ahora, se encontraban perdidas en la cueva de un monte oscuro en el que la vegetación estaba presente por doquier y no dejaba ver nada más allá.

—Len, ¿puedes ver algo? —preguntó Gina con desesperación.

—Joder Gina, esto está muy oscuro y los arbustos no me dejan caminar.

—Espera, te lanzaré la linterna.

Gina buscó la linterna en su mochila, comprobó que llevaba batería y la lanzó a la oscuridad.

—La tengo —gritó Len.

Encendió la linterna y se quedó boquiabierta ante lo que tenía a sus ojos. Miles de dibujos rodeaban las paredes de aquella oscura cueva. Dibujos que contenían una historia diferente, trazos sin sentido y textos en algún idioma que Len no conseguía identificar.

—Gina, tienes que ver esto, es precioso.

—Len, si bajo ¿quién nos subirá luego?

—¡Mierda! Pero esto es una maravilla.

Len se aproximó más para ver aquellos dibujos de cerca y fue cuando se percató. Los dibujos estaban borrosos, la pintura se había decolorado. Pasó su mano por uno de ellos.

—Están mojados.

—¿Qué?

—Los dibujos, están mojados.

—¿Que dibujos?

—Joder Gina, aquí abajo está lleno de unos dibujos que no sé muy bien lo que es, y están mojados, no sé si es agua, pero está un poco viscoso.

De repende Gina notó un temblor bajo sus pies. Parecía que la tierra iba a abrirse en dos. Abajo Len también lo sintió.

—Len…

—¡Gina corre es agua! —gritó Len tras dejar caer la linterna y empezar a correr. Una corriente de agua inundó toda la cueva tapando los dibujos y todo cuanto hubiese en ella. Len corrió pero era tarde, el agua la había alcanzado. Gina se apartó y se agarró como pudo al tronco de un árbol mientras veía como aquella cueva vomitaba agua sin cesar. Cuando cesó, buscó y gritó el nombre de Len. La encontró tirada entre unos arbustos. Gina se acercó a ella temiendo lo peor.

—¿Len?

—¡Guau, ha sido alucinante! —dijo Len levantándose de un salto. Gina no podía creer lo que estaba viendo.

— ¡¿Alucinante?! —gritó— pensaba que habías muerto, idiota.

—Por favor Gina, soy una superviviente —dijo ésta jactándose— La cueva de Venus.

—¿Qué?

—Que esta es la cueva de Venus, lo leí en una de las inscripciones antes de que el agua me alcanzase. Tenemos que volver, y vendrás conmigo.

—No iré contigo a ninguna parte.

—Por fi —dijo Len con cara de niña buena

Gina, como siempre, no pudo evitar sonreír ante la mirada loca y angelical de Len.




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