26 de Noviembre
La cueva de Venus
—Está muy oscuro.
—Lo sé, ¿pero consigues ver algo?
—Sí, creo que sí.
Len y Gina eran dos jóvenes a las
que la curiosidad le podía. Len era decidida y le gustaba experimentar con
nuevas sensaciones, nuevos lugares; Gina era curiosa y se dejaba llevar por los
sueños de Len.
Un día, Len le habló de su lado
aventurero, quería explorar zonas desconocidas hasta ahora, perderse en lugares
misteriosos, Gina ante tanto asombro decidió embarcarse en aquella nueva
aventura.
Ahora, se encontraban perdidas en
la cueva de un monte oscuro en el que la vegetación estaba presente por doquier
y no dejaba ver nada más allá.
—Len, ¿puedes ver algo? —preguntó
Gina con desesperación.
—Joder Gina, esto está muy oscuro y
los arbustos no me dejan caminar.
—Espera, te lanzaré la linterna.
Gina buscó la linterna en su
mochila, comprobó que llevaba batería y la lanzó a la oscuridad.
—La tengo —gritó Len.
Encendió la linterna y se quedó
boquiabierta ante lo que tenía a sus ojos. Miles de dibujos rodeaban las paredes
de aquella oscura cueva. Dibujos que contenían una historia diferente, trazos
sin sentido y textos en algún idioma que Len no conseguía identificar.
—Gina, tienes que ver esto, es
precioso.
—Len, si bajo ¿quién nos subirá
luego?
—¡Mierda! Pero esto es una maravilla.
Len se aproximó más para ver
aquellos dibujos de cerca y fue cuando se percató. Los dibujos estaban
borrosos, la pintura se había decolorado. Pasó su mano por uno de ellos.
—Están mojados.
—¿Qué?
—Los dibujos, están mojados.
—¿Que dibujos?
—Joder Gina, aquí abajo está lleno
de unos dibujos que no sé muy bien lo que es, y están mojados, no sé si es
agua, pero está un poco viscoso.
De repende Gina notó un temblor
bajo sus pies. Parecía que la tierra iba a abrirse en dos. Abajo Len también lo
sintió.
—Len…
—¡Gina corre es agua! —gritó Len
tras dejar caer la linterna y empezar a correr. Una corriente de agua inundó
toda la cueva tapando los dibujos y todo cuanto hubiese en ella. Len corrió
pero era tarde, el agua la había alcanzado. Gina se apartó y se agarró como
pudo al tronco de un árbol mientras veía como aquella cueva vomitaba agua sin
cesar. Cuando cesó, buscó y gritó el nombre de Len. La encontró tirada entre
unos arbustos. Gina se acercó a ella temiendo lo peor.
—¿Len?
—¡Guau, ha sido alucinante! —dijo
Len levantándose de un salto. Gina no podía creer lo que estaba viendo.
— ¡¿Alucinante?! —gritó— pensaba
que habías muerto, idiota.
—Por favor Gina, soy una superviviente
—dijo ésta jactándose— La cueva de Venus.
—¿Qué?
—Que esta es la cueva de Venus, lo
leí en una de las inscripciones antes de que el agua me alcanzase. Tenemos que
volver, y vendrás conmigo.
—No iré contigo a ninguna parte.
—Por fi —dijo Len con cara de niña
buena
Gina, como siempre, no pudo evitar
sonreír ante la mirada loca y angelical de Len.
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