28 de Noviembre
El infierno(2)
Gritó hasta perder la voz, las
cuerdas vocales tensas como las de un violín parecían que iban a estallar, la
fuerza con la que se agarró a los barrotes fue tal que se le marcaron las
palmas de las manos. Sus ojos lloraban rabia, ira, dolor, tristeza. Tristeza por
ella y por todas cuantas corrían su misma mala suerte. Cuando se hubo cansado,
se dejó caer apoyando su espalda a los barrotes y hundiendo la cara entre las
rodillas. Miró a su alrededor. Tan solo podía ver miseria, vidas consumidas y
sueños rotos. Estar allí significaba la muerte, pero no pensaba rendirse, a
pesar de todo el dolor, de todas las cicatrices, tenía ganas de seguir luchando
y salir de allí con vida.
—Daira —dijo una voz sacándola de
su ensimismamiento— ¿como te encuentras, querida?
Daira miró fijamente a los ojos de
aquella mujer de la que ya tan solo quedaban los huesos y unas ropas
harapientas.
—Tranquila Flora, he tenido días
peores.
Flora se acercó hasta ella y
colocando su mano sobre la de ella dijo:
—Daira, no lo hagas más. Pequeña,
no dejes que te martiricen más, nosotras estaremos bien.
—No Flora, os lo prometí y seguiré
así aunque me deje la vida en ello.
Flora asintió cabizbaja y se
levantó para irse de donde había venido.
Daira permaneció en la misma
posición apretando los puños con rabia y prometiéndose a sí misma que, algún
día, acabaría con aquella situación para volver a ser libre.
Hacía seis meses que aquella
pesadilla había cobrado vida. Fue una tarde de Octubre mientras se encontraba
en el viejo café de la calle Freire, todos los viernes se reunía allí con
Marion. Ocurrió todo muy rápido: dos hombres vestidos de negro entraron y
comenzaron a disparar en el local. Muchos murieron y otros como Marion y Daira
fueron metidos en un camión blindado y encerrados en aquellas celdas donde
desde entonces no habían vuelto a ver la luz.
Continuará…
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