martes, 16 de abril de 2019

Ciclo laberíntico


Ciclo laberíntico



Ella no solía usar maquillaje porque su sonrisa iluminaba cada rincón de su pequeña y redonda cara.

Solía mostrarse alegre porque en su interior la niña de su infancia permanecía viva.

Solía reírse de sí misma porque eso le daba fuerza para continuar.

El problema venía cuando se formaba tormenta en su interior. La sonrisa se le apagaba, su risa pasaba a ser muda y los huracanes de su alma devastaban todo cuanto quería.

Ella era fuerte sí, pero hasta la persona más fuerte se cansa, se cansa de tirar del carro, se cansa de sembrar y no cosechar, se cansa de ser prisionera.

Cuando ella se tornaba en tormenta buscaba al silencio y a la soledad, se encerraba en su torre blindada y se alejaba del mundo.

No pasa nada por alejarse de todo cuanto tienes a tu alrededor, a veces es necesario hacerlo. Mandarlo todo a la mierda. Y está bien.

Cuando sus ojos descargaban toda la rabia entonces de nuevo la niña de su infancia salía a pasear.

Y así pasaba ella la vida, en aquel ciclo laberíntico.

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