Ciclo laberíntico
Ella no solía usar maquillaje porque su sonrisa
iluminaba cada rincón de su pequeña y redonda cara.
Solía mostrarse alegre porque en su interior la niña
de su infancia permanecía viva.
Solía reírse de sí misma porque eso le daba fuerza
para continuar.
El problema venía cuando se formaba tormenta en su
interior. La sonrisa se le apagaba, su risa pasaba a ser muda y los huracanes
de su alma devastaban todo cuanto quería.
Ella era fuerte sí, pero hasta la persona más fuerte
se cansa, se cansa de tirar del carro, se cansa de sembrar y no cosechar, se
cansa de ser prisionera.
Cuando ella se tornaba en tormenta buscaba al
silencio y a la soledad, se encerraba en su torre blindada y se alejaba del
mundo.
No pasa nada por alejarse de todo cuanto tienes a tu
alrededor, a veces es necesario hacerlo. Mandarlo todo a la mierda. Y está
bien.
Cuando sus ojos descargaban toda la rabia entonces
de nuevo la niña de su infancia salía a pasear.
Y así pasaba ella la vida, en aquel ciclo laberíntico.
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