Musa
Me enamoré de tu
sonrisa de niña traviesa, de tu pelo indomable y de los escalofríos que me
provocaba tu piel.
Exploré el mapa de tu
cuerpo, busqué cada uno de los tesoros que escondía cada poro de tu piel. Inhalé
tu perfume hasta colocarme, (te) corrí hasta que mi boca quedó seca y tus
gemidos se volvieron sordos.
Te abracé en las noches
de frío y te desnudé cuando el calor nos invadió.
Ahora tan solo tengo tu
recuerdo y ese viejo bloc de notas que te dejaste sobre la encimera de la
cocina. Lo he leído mil veces. Siempre me pareció que escribías jodidamente
bien. Todos estos años creyendo que eras musa y resultó que eras poeta. Inspirabas
mi vida mientras tú encontrabas tus versos en los brazos de otro.
Estoy en el banco que
hay frente a tu portal, sé dónde vives desde hace meses. Te veo todas las
tardes sacar las llaves del bolso y perderte en el interior del hall. Muchas veces
he tenido la tentación de acercarme a ti y preguntarte cómo estás, decirte que
no te guardo rencor por lo que hiciste y que no he dejado de quererte, después
lo medito y veo que no es buena opción, pues implicaría contarte que la heroína de mi vida me está consumiendo
poco a poco, que desde que tú te fuiste la vida es una mala compañía para mí,
que hay días que me despierto tirado en mitad de la calle sin acordarme de nada
pero que tú, cariño, siempre acabas volviendo a mi consumida cabeza.
Me gustaría decirte que
siempre serás mi mejor droga aunque en mis versos tan solo seas musa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario