sábado, 30 de marzo de 2019

730 días y 1000 botellas de Whiskey


730 días y 1000 botellas de Whiskey

Hoy he cambiado mi ropa sucia por unos vaqueros y un polo y he sustituido el olor a whiskey por aquella fragancia de Hugo Boss que me regalaste para mi trigésimo cumpleaños y que aún conservo casi intacta. Estoy nervioso. Tú te echo de menos de anoche ha hecho que esté toda la noche en vela. No te culpo, de hecho me gusta, lo estaba deseando. Ando firme por las calles de aquel barrio que una vez vio pasear nuestro amor. Te encuentro sentada de espalda a mí en una de las terrazas que hay en la plaza mayor. Te incorporas al percatarte de mi llegada y me dedicas una de tus sonrisas. ¡Qué guapa estás! ¡Estás jodidamente guapa! Llevas aquel vestido de lunares negros que te compraste en aquella boutique de París y que horas después te quité en aquel hotel de no sé cuántas estrellas, porque yo contigo vi el firmamento entero. Te queda bien ese nuevo corte de pelo y tus labios rojos siguen siendo el foco de atención. Paso mis manos por el pantalón disimulando sin éxito mi nerviosismo. Me hablas con tu melodiosa voz y poco a poco vamos entrando en conversación. Tardo poco en darme cuenta que no me echas de menos a mí, sino a que alguien te escuche. Ese gilipollas con el que has estado el último año y medio no sabe la mujer que se está perdiendo por el encaprichamiento de unas faldas mal teñidas. No sabe que mientras él juega contigo yo me muero por volver a dormir junto a ti, no sabe que después de casi tres años yo te sigo queriendo como los 730 días que estuve contigo. Te secas las lágrimas, miras el reloj y decidimos marcharnos. Tú me dices que tenemos que vernos más, yo asiento y sonrío. Llego a casa, me quito los zapatos y cojo la botella de whiskey de nuevo. Al fin y al cabo es el único perfume que me queda bien, al fin y al cabo me he hecho adicto, al fin y al cabo es de la única manera que no me dueles, cariño.  

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