El
amor, (con)fianza
Corren malos tiempos
para el amor.
A
menudo me encuentro parejas impacientadas e inseguras y me pregunto: ¿dónde
quedó la época de la (con)fianza en el amor? Antes (con)fianza se aseguraban
bonos ilimitados de miradas, risas mañaneras, cosquillas en la cama, abrazos
aterciopelados y besos con temperatura al gusto del consumidor y en la letra
pequeña se añadía no acumulable a época de rebajas. Y todo iba bien, porque
había (con)fianza muta en el amor. Actualmente, los puzles amorosos vienen con
fecha de caducidad. Al tiempo comienzan a aparecer grietas, hasta partirse por
completo y son de esos amores que ni el mejor super glue del mercado consigue pegar de nuevo. Se da paso a un
estado anímico decaído, a una tristeza natural que embriaga toda la casa. Es entonces
cuando preguntas como ¿qué he hecho mal? salen
a flote. Con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que no son las personas,
no es la época, es la (con)fianza que se decida depositar lo que hace que el
amor avance.
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