Buenos
días princesa
Como cada mañana, Alicia se despertó con la nariz congelada. Se metió bajo
las mantas y dejó que su aliento chocara con la manta en un intento de
calentarse la nariz. Se llevó las manos a la cabeza, se sentía mareada, hacía
días que los mareos eran constantes pero sabía que era de las malas posturas de
los últimos días. Con mucha pereza, se destapó, se colocó las zapatillas y
descolgó su bata del perchero.
Arrastró su cuerpo hasta el cuarto de baño, la imagen que vio en el espejo
terminó de espabilarla. ¡Dios, que pelos!,
pensó. El espejo mostraba a una chica de tez pálida y ojeras grises y profundas
acompañadas de un pelo rojo todo revuelto y enmarañado. No lo entiendo, si llevo días durmiendo más o menos bien, ¿por qué
tengo estas ojeras?, preguntó a la chica del espejo mientras se tocaba la
cara. Se cepilló el pelo como pudo y fue directa a la cocina a prepararse su
cola cao diario, lo calentó y se sentó a la mesa. Frente a ella, su móvil
emitía una pequeña luz blanca, lo desbloqueó y al ver la notificación se quedó
helada.
Era sol. Sol, era ella. Su…aún no sabía muy bien que era, pero era la chica
con la que había estado saliendo los últimos tres meses, la chica de la que
llevaba sin saber ya seis días, la chica en la que aun pensaba a cada segundo. Sin
pensarlo, puso su dedo sobre el mensaje y leyó:
Hola,
Llevo varios días queriendo escribirte,
pero justo cuando lo tengo todo lo borro…no quiero hacerte daño, pero quiero
que sepas que te leo, te sigo leyendo, de hecho, busco tus publicaciones en
todos los lugares posibles.
¿Te soy sincera?, me encantaría que me
hubieses dado ese regalo de reyes, porque me sigue encantando cada palabra de
tu blog, porque sigo necesitando leerte.
Lo cierto es que no estoy bien, no
quiero que te preocupes.
Estoy intentando estudiar, pero es muy
difícil, no tengo esperanzas de aprobar. La verdad es que no sé qué hago aquí,
no sé qué hago con mi vida.
Gracias, por haberme aguantado, por estar
conmigo, por cada momento que me has dado.
Llevo un buen rato pensando si pulso
para enviar o me lo quedo las palabras otro día más...
No quiero hacerte daño, no quiero
causarte más sufrimiento...
Lo siento
Alicia leyó el mensaje
tres veces. Los días que llevaba sin saber de Sol había estado publicando
vídeos, fotos y toda clase de mensajes en Instagram, en su blog…era la única
manera que tenía de sentir a Sol cerca, de hacerle ver que ella seguía ahí para
ella. Llevaba días que su ánimo era una montaña rusa: a veces reía, a veces
lloraba, pero siempre con Sol en su cabeza. Cada día que se levantaba hacía un
gran esfuerzo por no escribirle, por no decirle lo mucho que la echaba de
menos, lo mucho que la pensaba, lo mucho que aun la quería…
Y es que Alicia no
conseguía entender nada, todo pasó tan rápido, de un momento a otro. Semanas antes
Sol comenzó a no ser la misma, a estar triste, Alicia desde ese momento supo
que la cosa iría a peor hasta desembocar en lo que tanto temía, pero quiso
creer que Sol la escucharía y no fue así. El cola cao se había helado pero no
le importó, se levantó y fue hasta su habitación. Cogió su portátil, lo encendió
y comenzó a escribir una nueva entrada en el blog:
Ahora que sé que me lees, te diré que yo llevo días muriéndome
de rabia por no escribirte. Te dije que no te iba a molestar y, aunque me muera
por escribirte mil cosas, no lo haré. No me des más las gracias, por favor, no
hay nada que agradecer, hice lo que se supone que me tocaba en ese momento. ¿Sabes?
lo único que sé es que no estás bien, esa frase que tengo grabada en mi cabeza
y que se me repite cada día: que no estás bien. pero sigo sin saber qué te
pasa, sigo esperando que llegue el día en el que me lo cuentes, que te abras,
dices que no lo sabes pero…sí lo sabes, claro que lo sabes, si no lo supieras
no podrías sentir que estás mal. No me puedes pedir que no me preocupe, ya
sabes como soy, soy peor que una madre y de las pesadas. Para nada me haces
sufrir, ¿sabes? un día de estos me convertiré en ajo porque empiezo a repetirme
demasiado: crees que me has hecho sufrir cuando lo único que has hecho es hacerme
reír, disfrutar, ser feliz…porque ahora todo se haya convertido en un momento
malo no significa que me estés haciendo sufrir, daño o que te hayas convertido
en la mala de la historia. En esta historia no hay malos y buenos, tan solo
problemas y miedos no resueltos, problemas y miedos que se podrían haber
solucionado hablando, con apoyo y, en este caso, con tiempo. Dicen que el
tiempo todo lo cura, yo te digo que después de las tormentas siempre llega la
calma, los días bonitos, no todo lo malo dura para siempre.
Te escribo por aquí porque te prometí darte el espacio y
tiempo que necesitaras. No te despidas de mí, por favor, sé que ahora mismo las
dos estamos igual, quizá sintamos lo mismo o quizá no, pero aún tengo la
esperanza de volver a tenerte conmigo porque hay algo, no sé muy bien qué, que
me dice que no me rinda, que me dice que eres tú, solo que espere, que espere a
que seas tú la que, un día sin esperarlo, venga a mí y cree una nueva historia
después de un: hola, ¿cómo estás?.
Mientras tanto, te seguiré contando mis días, seguiré cantando
y dando las buenas noches porque, por lo menos ahora sé que aunque estemos más
distanciadas que nunca, sigues buscando mis palabras.
P.D.: estudia lo que puedas, intenta aprobar. Sinceramente,
yo tampoco creo que lo vaya a hacer pero recuerda…no pierde quien no gana, sino
quien no lo intenta.
Tras esas palabras,
clicó en publicar, cerró su portátil y volvió a calentar el cola cao. Tenía una
sensación extraña, la misma desde hacía unos días. Quería hablarle a Sol, moría
por hacerlo, pero no ahora, pensó, seguiré hablándole a través de las redes
hasta que ella esté bien, hasta que sea ella la que decida volver a escribirme,
mientras…buenos días princesa.
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