jueves, 10 de enero de 2019

Buenos días princesa




Buenos días princesa


Como cada mañana, Alicia se despertó con la nariz congelada. Se metió bajo las mantas y dejó que su aliento chocara con la manta en un intento de calentarse la nariz. Se llevó las manos a la cabeza, se sentía mareada, hacía días que los mareos eran constantes pero sabía que era de las malas posturas de los últimos días. Con mucha pereza, se destapó, se colocó las zapatillas y descolgó su bata del perchero.

Arrastró su cuerpo hasta el cuarto de baño, la imagen que vio en el espejo terminó de espabilarla. ¡Dios, que pelos!, pensó. El espejo mostraba a una chica de tez pálida y ojeras grises y profundas acompañadas de un pelo rojo todo revuelto y enmarañado. No lo entiendo, si llevo días durmiendo más o menos bien, ¿por qué tengo estas ojeras?, preguntó a la chica del espejo mientras se tocaba la cara. Se cepilló el pelo como pudo y fue directa a la cocina a prepararse su cola cao diario, lo calentó y se sentó a la mesa. Frente a ella, su móvil emitía una pequeña luz blanca, lo desbloqueó y al ver la notificación se quedó helada.

Era sol. Sol, era ella. Su…aún no sabía muy bien que era, pero era la chica con la que había estado saliendo los últimos tres meses, la chica de la que llevaba sin saber ya seis días, la chica en la que aun pensaba a cada segundo. Sin pensarlo, puso su dedo sobre el mensaje y leyó:



Hola,

Llevo varios días queriendo escribirte, pero justo cuando lo tengo todo lo borro…no quiero hacerte daño, pero quiero que sepas que te leo, te sigo leyendo, de hecho, busco tus publicaciones en todos los lugares posibles.



¿Te soy sincera?, me encantaría que me hubieses dado ese regalo de reyes, porque me sigue encantando cada palabra de tu blog, porque  sigo necesitando leerte.



Lo cierto es que no estoy bien, no quiero que te preocupes.



Estoy intentando estudiar, pero es muy difícil, no tengo esperanzas de aprobar. La verdad es que no sé qué hago aquí, no sé qué hago con mi vida.



Gracias, por haberme aguantado, por estar conmigo, por cada momento que me has dado.



Llevo un buen rato pensando si pulso para enviar o me lo quedo las palabras otro día más...

No quiero hacerte daño, no quiero causarte más sufrimiento...



Lo siento





Alicia leyó el mensaje tres veces. Los días que llevaba sin saber de Sol había estado publicando vídeos, fotos y toda clase de mensajes en Instagram, en su blog…era la única manera que tenía de sentir a Sol cerca, de hacerle ver que ella seguía ahí para ella. Llevaba días que su ánimo era una montaña rusa: a veces reía, a veces lloraba, pero siempre con Sol en su cabeza. Cada día que se levantaba hacía un gran esfuerzo por no escribirle, por no decirle lo mucho que la echaba de menos, lo mucho que la pensaba, lo mucho que aun la quería…

Y es que Alicia no conseguía entender nada, todo pasó tan rápido, de un momento a otro. Semanas antes Sol comenzó a no ser la misma, a estar triste, Alicia desde ese momento supo que la cosa iría a peor hasta desembocar en lo que tanto temía, pero quiso creer que Sol la escucharía y no fue así. El cola cao se había helado pero no le importó, se levantó y fue hasta su habitación. Cogió su portátil, lo encendió y comenzó a escribir una nueva entrada en el blog:

Ahora que sé que me lees, te diré que yo llevo días muriéndome de rabia por no escribirte. Te dije que no te iba a molestar y, aunque me muera por escribirte mil cosas, no lo haré. No me des más las gracias, por favor, no hay nada que agradecer, hice lo que se supone que me tocaba en ese momento. ¿Sabes? lo único que sé es que no estás bien, esa frase que tengo grabada en mi cabeza y que se me repite cada día: que no estás bien. pero sigo sin saber qué te pasa, sigo esperando que llegue el día en el que me lo cuentes, que te abras, dices que no lo sabes pero…sí lo sabes, claro que lo sabes, si no lo supieras no podrías sentir que estás mal. No me puedes pedir que no me preocupe, ya sabes como soy, soy peor que una madre y de las pesadas. Para nada me haces sufrir, ¿sabes? un día de estos me convertiré en ajo porque empiezo a repetirme demasiado: crees que me has hecho sufrir cuando lo único que has hecho es hacerme reír, disfrutar, ser feliz…porque ahora todo se haya convertido en un momento malo no significa que me estés haciendo sufrir, daño o que te hayas convertido en la mala de la historia. En esta historia no hay malos y buenos, tan solo problemas y miedos no resueltos, problemas y miedos que se podrían haber solucionado hablando, con apoyo y, en este caso, con tiempo. Dicen que el tiempo todo lo cura, yo te digo que después de las tormentas siempre llega la calma, los días bonitos, no todo lo malo dura para siempre.

Te escribo por aquí porque te prometí darte el espacio y tiempo que necesitaras. No te despidas de mí, por favor, sé que ahora mismo las dos estamos igual, quizá sintamos lo mismo o quizá no, pero aún tengo la esperanza de volver a tenerte conmigo porque hay algo, no sé muy bien qué, que me dice que no me rinda, que me dice que eres tú, solo que espere, que espere a que seas tú la que, un día sin esperarlo, venga a mí y cree una nueva historia después de un: hola, ¿cómo estás?.

Mientras tanto, te seguiré contando mis días, seguiré cantando y dando las buenas noches porque, por lo menos ahora sé que aunque estemos más distanciadas que nunca, sigues buscando mis palabras.

P.D.: estudia lo que puedas, intenta aprobar. Sinceramente, yo tampoco creo que lo vaya a hacer pero recuerda…no pierde quien no gana, sino quien no lo intenta.

Tras esas palabras, clicó en publicar, cerró su portátil y volvió a calentar el cola cao. Tenía una sensación extraña, la misma desde hacía unos días. Quería hablarle a Sol, moría por hacerlo, pero no ahora, pensó, seguiré hablándole a través de las redes hasta que ella esté bien, hasta que sea ella la que decida volver a escribirme, mientras…buenos días princesa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario