4 de Diciembre
El infierno(7)
Llegaron a una sala en la que las
paredes no tenían ningún color. Los esperaban otro guardia plantado como si de
una escultura se tratase y un señor vestido de negro, bigote poblado y cuya barriga
parecía que iba a reventar. Pedro, como si de un guarda más se tratase, instó a
Daira a sentarse en la silla que había frente al señor de negro.
Daira con las manos apoyadas en las
piernas clavó la mirada en los zapatos de aquel hombre.
—Bien —dijo éste carraspeando— ¿sabes
por qué estás aquí?
—No —contestó Daira sin apartar la
mirada
—¿No? con lo lista que dicen que
eres, ¿no lo sabes?
Daira no dijo nada, sin mover la
cabeza, dirigió la mirada hacia aquel hombre. Metió la mano al bolsillo interno
de su chaqueta y sacó un puro y un encendedor. Mientras daba caladas se acercó
más a Daira.
—¿Que sabes del plan SHL? —preguntó
Daira tembló. No había escuchado
jamás aquel nombre. Cerró los ojos sabiendo que su día no acabaría bien.
—No sé nada, señor —articuló
mientras tragaba saliva.
El hombre soltó una risa. Daira miró
de reojo a Pedro que estaba tan inmóvil como el otro guardia.
—Te lo preguntaré de nuevo ¿qué
sabes del plan SHL? —dijo mientras sostenía el puro entre los dientes y
obligaba a Daira a mirarlo.
—Nada —dijo ella lanzándole la más
odiosa de sus miradas.
—Escúchame bien, zorra —agarró a
Daira del pelo y la miró fijamente— solo te voy a dar dos opciones: o sueltas
ahora mismo lo que sabes o ya sabes lo que te espera, así que te lo preguntaré
una última vez, ¿qué sabes?
Daira, con los ojos llorosos y
llena de rabia contestó:
—No sé nada, pero aunque lo
supiera, ¿de verdad crees que se lo contaría a un hijo de puta asqueroso como
tú? ¡Antes prefiero morir!
El hombre soltó otra carcajada, dio
otra calada al puro y expulsó todo el humo en la cara de la chica. Esta comenzó
a toser tanto que no vio venir el golpe que la hizo caer al suelo, se quedó
tirada sin moverse.
—Lleváosla uno de vosotros, veremos
si habla o no habla.
El otro guardia agarró a Daira del
brazo y la arrastró con él mientras Pedro apretaba fuertemente la mandíbula y
controlaba sus lágrimas.
Continuará…
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