martes, 4 de diciembre de 2018

El infierno(7)


 4 de Diciembre

El infierno(7)

Llegaron a una sala en la que las paredes no tenían ningún color. Los esperaban otro guardia plantado como si de una escultura se tratase y un señor vestido de negro, bigote poblado y cuya barriga parecía que iba a reventar. Pedro, como si de un guarda más se tratase, instó a Daira a sentarse en la silla que había frente al señor de negro.

Daira con las manos apoyadas en las piernas clavó la mirada en los zapatos de aquel hombre.

—Bien —dijo éste carraspeando— ¿sabes por qué estás aquí?

—No —contestó Daira sin apartar la mirada

—¿No? con lo lista que dicen que eres, ¿no lo sabes?

Daira no dijo nada, sin mover la cabeza, dirigió la mirada hacia aquel hombre. Metió la mano al bolsillo interno de su chaqueta y sacó un puro y un encendedor. Mientras daba caladas se acercó más a Daira.

—¿Que sabes del plan SHL? —preguntó

Daira tembló. No había escuchado jamás aquel nombre. Cerró los ojos sabiendo que su día no acabaría bien.

—No sé nada, señor —articuló mientras tragaba saliva.

El hombre soltó una risa. Daira miró de reojo a Pedro que estaba tan inmóvil como el otro guardia.

—Te lo preguntaré de nuevo ¿qué sabes del plan SHL? —dijo mientras sostenía el puro entre los dientes y obligaba a Daira a mirarlo.

—Nada —dijo ella lanzándole la más odiosa de sus miradas.

—Escúchame bien, zorra —agarró a Daira del pelo y la miró fijamente— solo te voy a dar dos opciones: o sueltas ahora mismo lo que sabes o ya sabes lo que te espera, así que te lo preguntaré una última vez, ¿qué sabes?

Daira, con los ojos llorosos y llena de rabia contestó:

—No sé nada, pero aunque lo supiera, ¿de verdad crees que se lo contaría a un hijo de puta asqueroso como tú? ¡Antes prefiero morir!

El hombre soltó otra carcajada, dio otra calada al puro y expulsó todo el humo en la cara de la chica. Esta comenzó a toser tanto que no vio venir el golpe que la hizo caer al suelo, se quedó tirada sin moverse.

—Lleváosla uno de vosotros, veremos si habla o no habla.

El otro guardia agarró a Daira del brazo y la arrastró con él mientras Pedro apretaba fuertemente la mandíbula y controlaba sus lágrimas.

Continuará…

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