viernes, 11 de enero de 2019

Buenas tardes princesa



Buenas tardes princesa

— ¿Y tú cómo llevas lo tuyo? —preguntó Lucía mientras daba un trago a su cerveza.

— Voy por días, unos estoy mejor que otros, pero sigo sin entender nada

— Si te apetece contármelo, ya sabes que te voy a escuchar. A veces es mejor así, cortar las relaciones de raíz.

— Es que ha sido todo tan rápido…ni yo misma sé que ha pasado, estábamos bien. Hoy hace una semana —dijo Alicia compungida.

— ¿Una semana que lo dejasteis?

— Bueno…que me dejó, pero sí  —Alicia se terminó su cerveza y siguió—  todo empezó en navidad, comencé a notarla en esos días triste, desilusionada y conforme pasaban los días su forma de tratarme cambió, ya no estaba igual de cariñosa ni nada. Dice que el problema no soy yo, que es ella, no está pasando por un buen momento.

— Pues qué raro, y no has vuelto a saber de ella preguntó Lucía mientras se encendía un cigarro.

— No, la otra noche me escribió, pero sólo eso. Yo no le contesto, desde entonces publico mil cosas en mi blog, Instagram, así le digo todo lo que necesito sin hablar con ella directamente, es mejor así.

— Pues Alis, no entiendo nada, porque si erais pareja se supone que confiaba en ti, ¿no? las parejas están para lo bueno y lo malo, debería haberte contado que estaba mal, joder.

— Lo sé, pero por más que insistí no conseguí que dijera nada.

Lucía miró a su compañera con compasión.

— ¿Y si le escribes? Quizá sea eso lo que necesite, que la apoyen y se preocupen por ella.

— No Lu, me dijo que necesitaba tiempo, estar sola, lo voy a respetar aunque me muera de ganas por escribirle, mientras tanto seguiré hablándole a través de imágenes y entradas en el blog.

— Quizá lo estés haciendo bien…

—…o quizá la esté cagando más y la esté agobiando con tanta publicación.

— No sé Alis, no sé qué decirte. Deja que el tiempo pase y a ver qué pasa.

Alicia miró su reloj. Faltaban tres minutos para que su autobús saliera. Metió su monedero en el bolso, se despidió de Lucía y subió la empinada cuesta del campus hasta su autobús.

Hacía frío. Los meteorólogos habían dado la noticia de que una ola de frío se cebaría con el país durante al menos una semana entera. Los termómetros habían descendido a un ritmo bestial y ya eran numerosos los lagos que habían amanecido congelados. Alicia, una vez sentada en el autobús, se abrochó el abrigo hasta arriba y se colocó el gorro que su madre le había regalado por navidad. Ese día había quedado con Lucía, una compañera de clase con la que últimamente se relacionaba, para estudiar. A pesar de tan solo tener dos exámenes a los que presentarse, a Alicia le estaba suponiendo un gran esfuerzo. Eran asignaturas a las que había asistido entre poco y nada, los temarios le parecían un desastre y, sobre todo, la última semana no había estado con los pies en la tierra. La pérdida de contacto con Sol la había dejado los ánimos un poco por los suelos. Intentaba no pensar, se entretenía escuchando música, estudiando, hablando con su hermana, compañeras y comiendo, sobre todo comiendo. Cuando al autobús no le cabía un alma más, se puso en marcha. Dudó unos instantes en si debía coger el móvil o no, finalmente decidió desbloquearlo y escribir una nueva entrada en su blog:

Hoy hace frío, mucho, no siento los pies y la nariz se me hiela a cada segundo. Odio que se me hiele la nariz. Llevo una semana estudiando fuerte y comienzo a estar saturada, solo tengo ganas de que llegue ya el día y quitármelos de en medio aunque, sinceramente, creo que no aprobaré, por lo menos una de ellas. ¿Te puedes creer que el profesor no explicó nada en todo el cuatrimestre y pretende que nos estudiemos siete temas? Es una locura, no sé por dónde cogerlo. Hoy hace una semana ya que no te veo. Parece que aun te puedo ver esperando en mi puerta. Cada día soy más idiota, de vez en cuando miro por la ventana al escuchar el motor de un coche esperando que seas tú, pero siempre son colores y personas distintas. Quizá no te debería escribir (aunque no te escriba a ti directamente), no sé si hago bien en hacerlo o no, no sé si todo lo que publico te está beneficiando o perjudicando aún más, pero siento esa necesidad de hacerlo, es la única manera de quitarme ese mono de ti, porque aunque no lo creas, aún sigo teniendo esas ganas de todo contigo. Cada día me despierto haciéndome la misma pregunta: ¿esto es definitivo o se han quedado las puertas abiertas porque aun cabe la posibilidad de que vuelvas? Tranquila, no hace falta que me respondas, aún no, no es el momento de que lo hagas. Sé lo del tiempo, lo sé, necesitas estar sola, quizá después y solo después puedas decirme todo aquello que te apetezca, mientras tanto y como siempre, seguiré escribiendo y cantándote.

Por cierto, abrígate, hace un frío de cojones. Hasta entonces…buenas tardes princesa.

Le dio a publicar y guardo el móvil. A veces tenía la sensación de estar volviéndose loca, pero en el fondo sabía que Sol la leía por lo que merecía la pena todo lo que hacía porque, en el interior de Alicia, algo le decía que aquello aún no estaba acabado del todo. Se colocó los guantes y apoyó su cabeza en la ventana dejando que el tiempo siguiera pasando.    


*Nota: Las escenas de esta historia y personajes son ficticios, aunque los sentimientos y la historia en la que está basada son reales.

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