Buenas
tardes princesa
— ¿Y tú cómo llevas lo
tuyo? —preguntó Lucía mientras daba un trago a su cerveza.
— Voy por días, unos
estoy mejor que otros, pero sigo sin entender nada
— Si te apetece contármelo,
ya sabes que te voy a escuchar. A veces es mejor así, cortar las relaciones de
raíz.
— Es que ha sido todo
tan rápido…ni yo misma sé que ha pasado, estábamos bien. Hoy hace una semana —dijo
Alicia compungida.
— ¿Una semana que lo
dejasteis?
— Bueno…que me dejó,
pero sí —Alicia se terminó su cerveza y
siguió— todo empezó en navidad, comencé
a notarla en esos días triste, desilusionada y conforme pasaban los días su
forma de tratarme cambió, ya no estaba igual de cariñosa ni nada. Dice que el
problema no soy yo, que es ella, no está pasando por un buen momento.
— Pues qué raro, y no
has vuelto a saber de ella preguntó Lucía mientras se encendía un cigarro.
— No, la otra noche me
escribió, pero sólo eso. Yo no le contesto, desde entonces publico mil cosas en
mi blog, Instagram, así le digo todo lo que necesito sin hablar con ella
directamente, es mejor así.
— Pues Alis, no
entiendo nada, porque si erais pareja se supone que confiaba en ti, ¿no? las
parejas están para lo bueno y lo malo, debería haberte contado que estaba mal,
joder.
— Lo sé, pero por más
que insistí no conseguí que dijera nada.
Lucía miró a su
compañera con compasión.
— ¿Y si le escribes?
Quizá sea eso lo que necesite, que la apoyen y se preocupen por ella.
— No Lu, me dijo que
necesitaba tiempo, estar sola, lo voy a respetar aunque me muera de ganas por
escribirle, mientras tanto seguiré hablándole a través de imágenes y entradas
en el blog.
— Quizá lo estés
haciendo bien…
—…o quizá la esté cagando
más y la esté agobiando con tanta publicación.
— No sé Alis, no sé qué
decirte. Deja que el tiempo pase y a ver qué pasa.
Alicia miró su reloj. Faltaban
tres minutos para que su autobús saliera. Metió su monedero en el bolso, se
despidió de Lucía y subió la empinada cuesta del campus hasta su autobús.
Hacía frío. Los meteorólogos
habían dado la noticia de que una ola de frío se cebaría con el país durante al
menos una semana entera. Los termómetros habían descendido a un ritmo bestial y
ya eran numerosos los lagos que habían amanecido congelados. Alicia, una vez
sentada en el autobús, se abrochó el abrigo hasta arriba y se colocó el gorro
que su madre le había regalado por navidad. Ese día había quedado con Lucía,
una compañera de clase con la que últimamente se relacionaba, para estudiar. A pesar
de tan solo tener dos exámenes a los que presentarse, a Alicia le estaba
suponiendo un gran esfuerzo. Eran asignaturas a las que había asistido entre
poco y nada, los temarios le parecían un desastre y, sobre todo, la última
semana no había estado con los pies en la tierra. La pérdida de contacto con
Sol la había dejado los ánimos un poco por los suelos. Intentaba no pensar, se
entretenía escuchando música, estudiando, hablando con su hermana, compañeras y
comiendo, sobre todo comiendo. Cuando al autobús no le cabía un alma más, se
puso en marcha. Dudó unos instantes en si debía coger el móvil o no, finalmente
decidió desbloquearlo y escribir una nueva entrada en su blog:
Hoy hace frío, mucho, no siento los pies y la nariz se me
hiela a cada segundo. Odio que se me hiele la nariz. Llevo una semana
estudiando fuerte y comienzo a estar saturada, solo tengo ganas de que llegue
ya el día y quitármelos de en medio aunque, sinceramente, creo que no aprobaré,
por lo menos una de ellas. ¿Te puedes creer que el profesor no explicó nada en
todo el cuatrimestre y pretende que nos estudiemos siete temas? Es una locura,
no sé por dónde cogerlo. Hoy hace una semana ya que no te veo. Parece que aun
te puedo ver esperando en mi puerta. Cada día soy más idiota, de vez en cuando
miro por la ventana al escuchar el motor de un coche esperando que seas tú,
pero siempre son colores y personas distintas. Quizá no te debería escribir (aunque
no te escriba a ti directamente), no sé si hago bien en hacerlo o no, no sé si
todo lo que publico te está beneficiando o perjudicando aún más, pero siento
esa necesidad de hacerlo, es la única manera de quitarme ese mono de ti, porque
aunque no lo creas, aún sigo teniendo esas ganas de todo contigo. Cada día me
despierto haciéndome la misma pregunta: ¿esto es definitivo o se han quedado
las puertas abiertas porque aun cabe la posibilidad de que vuelvas? Tranquila,
no hace falta que me respondas, aún no, no es el momento de que lo hagas. Sé lo
del tiempo, lo sé, necesitas estar sola, quizá después y solo después puedas
decirme todo aquello que te apetezca, mientras tanto y como siempre, seguiré
escribiendo y cantándote.
Por cierto, abrígate, hace un frío de cojones. Hasta entonces…buenas
tardes princesa.
Le dio a publicar y
guardo el móvil. A veces tenía la sensación de estar volviéndose loca, pero en
el fondo sabía que Sol la leía por lo que merecía la pena todo lo que hacía
porque, en el interior de Alicia, algo le decía que aquello aún no estaba
acabado del todo. Se colocó los guantes y apoyó su cabeza en la ventana dejando
que el tiempo siguiera pasando.
*Nota:
Las escenas de esta historia y personajes son ficticios, aunque los
sentimientos y la historia en la que está basada son reales.
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