2 de Diciembre
El infierno(6)
A la mañana siguiente la despertó el
ruido de los cerrojos. Unos pasos firmes bajaron las escaleras y se plantaron
ante la celda de Daira.
—Eh tú, levántate, arriba quieren
verte —dijo abriendo la celda.
Daira apenas podía abrir los ojos,
aún estaba medio dormida. Se levantó mareada, caminó hasta el guardia y lo miró.
Sabía que no iba a atarla, así que simplemente lo siguió. Salieron a un pasillo
iluminado por apliques de pared. Cada vez que Daira subía tenía que taparse la
cara, pues sus ojos estaban acostumbrados a la oscuridad.
Con paso lento siguió al guardia
que iba delante de ella. Iba vestido de negro, como los demás, iba afeitado y
con el pelo casi rapado. Este la miraba por el rabillo del ojo sin quitarle la
vista, Daira con la mirada en el suelo le habló:
—¿Se sabe algo?
—Daira, te he dicho mil veces que
no me hables —dijo este en un tono serio.
—Pedro, por favor, necesito saber,
no sabes la tortura que estamos viviendo.
El guardia paro y se giró para
mirarla. Inspeccionó el pasillo y le dijo:
—Ahora te harán unas preguntas,
contesta con sinceridad y te aseguro que no pasará nada.
—¿Qué preguntas?
—Joder Daira, no lo sé, es lo que
pude escuchar esta mañana en la sala, tengo la sospecha de que saben algo, no
quiero que me descubran, sería vuestra perdición —le dijo entre susurros.
—Lo sé, gracias Pedro —dijo mostrándole
una sonrisa.
Siguieron caminando por aquel
pasillo interminable sabiendo que arriba le esperaba una mañana dura.
Continuará…
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