29 de Noviembre
El infierno(3)
Ahora se veía prisionera de una
tortura que no tenía fin. Cada día que pasaba recordaba el momento en el que
decidió entregarse a cambio de sus demás compañeras.
Al principio, los castigos y demás
salvajadas eran para todas, daba igual joven o mayor, todas eran culpables y
dignas de morir. Ese día sufrieron demasiadas, Daira sin pensárselo le ofreció
al guardia ser ella quien pagara por todo, la que cada día acatara órdenes sin
rechistar a cambio de que no tocaran a las demás. El guardia, tras transmitir
la noticia a su superior, volvió al día siguiente y sin decir nada la arrastró
con él a una sala en la que le hicieron todo tipo de monstruosidades. La bajaron
a la celda toda ensangrentada y completamente inmóvil. Fueron muchas las que
acudieron en su ayuda y la limpiaron. Con el paso de los días, los golpes,
castigos y demás vejaciones habían dejado de doler, ya no sentía nada, salvo
asco, rabia y odio. Ya no le importaba cuantos días más tenía que estar así, se
sentía aliviada de que nadie más sufriera lo que ella tenía que soportar fuera
de ese sótano.
—Daira —le susurró una voz
Levantó la cabeza y vio a una mujer
enjuta pegada a los barrotes de la celda contigua.
—Me han pasado esta nota para ti —volvió
a susurrar.
Se levantó hasta la mujer. Ésta con
manos temblorosas le entregó la nota y se perdió de nuevo en la oscuridad.
Daira se acercó a la pared, extrajo
uno de los bloques y tanteó con la mano hasta dar con una linterna. La encendió
y leyó el contenido de aquel trozo de papel borroso.
Continuará…
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