Hola amantes de las letras!
Después de un mes os traigo mis 2 nuevos relatos para el #OrigiReto2018, una iniciativa de los blogs Solo un capítulo más y La Pluma azul de Katty.
Como ya comenté en la anterior entrada, ahí podéis encontrar las bases
del reto así como todas las temáticas propuestas. ¿A qué estáis
esperando para apuntaros?
Me he divertido escribiendo estos relatos porque he podido crear mi propio escenario y darle el toque que yo he querido, el resultado me ha gustado bastante, en un futuro añadiré nuevas cosas a estos dos relatos.
Antes de deciros a qué objetivos pertenecen, como siempre, quiero que leáis los relatos y
opinéis qué os parecen.
¡Aquí los tenéis!
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Jilwbhao
Todos
los 15 de abril llovía en Jilwbhao. El cielo azul daba paso a un manto color
acero del que caían ejércitos de gotas de agua que en ocasiones eran
devastadoras.
Cogí
el cubo y lo saqué afuera. Con un poco de suerte conseguiría recoger agua para
asearnos. Milo se había levantado muy temprano esa mañana para reunirse con los
demás bhaionaies. Los bhaionaies eran los guerreros de nuestra tribu, pues
durante centurias habían sido los encargados de proteger y defender Jilwbhao.
Cada 15 de abril se celebraba la muerte de nuestro fundador Jilw, un guerrero
que luchó contra los territorios enemigos por la libertad de nuestro pueblo y al
que nuestros antepasados deificaron.
Los
bhaionaies, llegada la fecha señalada, partían al alba hacia los espesos
bosques en busca de los cinco mejores gemsbok con los que honrar a nuestro
dios.
Las
mujeres mientras tanto, éramos las encargadas de purificar los hogares,
preparar el altar de los sacrificios y hacer la gran hoguera.
Seguidamente,
tras colocar el cubo bajo la ventana, comenzó a llover. El cielo tronaba y
descargaba su rabia con gran fuerza. Me asomé a la ventana, apenas conseguí ver
nada afuera. Comencé a preocuparme por nuestros hombres, pues tanta agua no les
dejaría apenas avanzar y no conseguirían traer a los animales. En uno de esos
instantes, alguien golpeó la puerta. Me acerqué y abrí. Encontré a una mujer
cuya cara tapaba un manto de cebra y cuyo cuerpo iba calado hasta los huesos. Se
apresuró a entrar. Se dejó la cara al descubierto. Era Wahila, una de nuestras
vecinas. A pesar de su avanzada edad, era una mujer que desprendía una belleza
digna de deidades. En el pueblo se decía que era descendiente del mismo Jilw,
pero ella siempre lo negaba.
— Wahila,
¿qué le trae con este tiempo? —le pregunté tomándole el manto.
— Perdona
querida, pero ya no sabía qué hacer, ¿has visto a Hatya? —dijo preocupada
— No,
¿qué pasa Wahila?
—¡Ay
esta niña! —exclamó con voz temblorosa— esta mañana al poco tiempo de que Terh
se fuera con el resto de bhaionaies, ella se ha levantado, estaba muy contenta,
pues decía que los 15 de abril son un día especial para ella, ya sabes, aparte
del gran día de nuestro dios Jilw, es el día en que Hatya nació. El caso es que
me ha dicho que le hacía ilusión ir a por flores para hacerse una diadema con
ellas e ir elegante esta noche en la celebración, pero… —hizo una pausa y me
miró con ojos desesperados— no ha vuelto, Aruth, y con este tiempo temo que le haya
pasado algo.
— No
se preocupe Wahila, Hatya es una chica lista, seguro que se ha resguardado en
algún lugar o se ha ido tras los bhaionaies, ya sabe lo curiosa que es —la
tranquilicé ofreciéndole mi mano y poniendo la otra sobre su hombro.
— ¡Ay
sí! Perdona hija, me he agobiado yo sola. Tienes razón, Hatya es una chica muy
curiosa, seguro que vuelve pronto. Siento haberte preocupado. Te dejo querida,
que tendrás mucho que hacer, más tarde nos vemos en el altar.
Y
colocándose de nuevo el manto en la cabeza se entregó a la lluvia.
Salí
corriendo y cogí el cubo. Una vez dentro, vertí un poco en una olla de barro y
la puse a calentar. Cuando conseguí la temperatura deseada, cogí el jabón con
aroma a dissotis mahonii y me
dispuse a lavarme todo el cuerpo. En unos minutos estuve lista, me sequé y me
enfundé un vestido de piel de antílope. Me coloqué un turbante a juego
alrededor de mi pelo rizado. Vertí lo que quedaba en el cubo a la olla y lo
puse a calentar para cuando Milo llegara. Coloqué de nuevo el cubo fuera. Aun
caían algunas gotas, pero lo grave ya había pasado, la tormenta dejaba paso a
un tímido atardecer. Fui caminando hasta el altar, dejando que mis pies
descalzos sintieran el tacto de la tierra y las pequeñas piedras que a mi paso
aparecían.
Encontré
a las mujeres subidas en el altar limpiándolo. Subí la escalinata dispuesta a
ayudarlas. Busqué con la mirada a Wahila, pero no la encontré. Pregunté a otra
de las mujeres si sabía sobre su paradero, me dijo que se había ido hacia el
leñero mucho antes de que yo llegara.
Me
apresuré hasta allí, con suerte aun estaría allí y así de paso la ayudaba. La encontré
llorando arrodillada junto a los montones de leña. Me arrodillé junto a ella e
intenté calmarla. Se agarró a mi cuello y lloró desconsoladamente. Cuando se
hubo desahogado, cogió mi mano y dejó algo sobre ella. Era una pulsera de
madera en la que se leía un nombre tallado: Hatya. La miré buscando una
respuesta.
— La
he encontrado a unos metros de la entrada al bosque —dijo secándose las
lágrimas.
La
ayudé a incorporarse. Le prometí que tras concluir la ceremonia la ayudaría a
buscar a Hatya. Entre las dos llevamos la leña hasta el altar y con ayuda de
otras mujeres encendimos una enorme hoguera. Los hombres llegaron al anochecer
con los cinco gemsbok.
Una
vez allí, varios bhaionaies sujetaron a los animales y, primero degollaron a
uno, después al resto. Milo estaba allí. Vi como cogió una vasija y la llenó
con la sangre de los animales. Seguidamente, subió la escalinata, se arrodilló
y comenzó con el canto tradicional hacia Jilw. Todos los habitantes hicimos lo
mismo. Tras concluir nuestro rezo, Milo vertió la sangre de los animales en el
fuego. Después asamos la carne y nos la comimos. Busqué a Wahila entre la
gente, la vi abrazada a Ther. Le estaría contando lo de Hatya. Fui junto a
Milo, le besé y le di mis bendiciones por ser el elegido para honrar a Jilw. Me
correspondió con su sonrisa angelical. En ese instante, me percaté de los
enormes arañazos de su espalda.
— ¡Por
Jilw! Milo, ¿y estos arañazos? —dije pasando
mis yemas por ellos
— No
te preocupes mi pequeña Aruth, algunas ramas de árboles son muy traicioneras,
en unos días estarán curados —y dejó que sus labios se posaran suavemente sobre
mi frente.
De
esa manera, junto con una gran noche estrellada, concluyó otro año más de
veneración para el pueblo de Jilwbhao.
Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 5. Escribe una historia que esté centrada en un ritual.
© Este relato tiene todos los derechos reservados
© Este relato tiene todos los derechos reservados
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La cabaña del bosque
La
gente se fue dispersando. Cada familia volvió a su hogar. Cogida al brazo de
Milo, dimos un paseo bajo la silenciosa noche hasta llegar a casa. Puse a
calentar la olla que había preparado por la mañana para que Milo se lavara. El
aceptó con gratitud mientras quitaba toda ropa de su cuerpo. Lo observé por el
rabillo del ojo mientras yo hacía lo mismo con mi vestido y dejaba mi pelo
libre del turbante. Me dejé caer sobre nuestra cama de heno y esperé a que,
como cada noche, Milo se acostara a mi lado abrazándome por la espalda.
Me
desperté con los rayos de sol sobre mi cara. Aun podía apreciar el olor a tierra
mojada.
Me
levanté dispuesta a comenzar mi día. Me vestí y sujeté mi pelo con otro
turbante. Entonces fue cuando la vi. La pulsera que Wahila me había dado la
tarde anterior estaba a unos metros de mis pies. Se debió caer cuando me quité
el vestido la noche anterior. La cogí y me la guardé. Le prometí a Wahila que
la ayudaría a buscar a Hatya y eso precisamente iba a hacer aquella mañana.
Salí fuera a por el cubo de agua, estaba lleno de las últimas gotas que habían
caído. Seguidamente, lo hubiera metido adentro y hubiera vertido una cantidad
en la olla para cuando llegara la hora de comer, pero algo llamó mi atención.
Sangre. Había pequeñas manchas de sangre alrededor del cubo, la toqué y aún
estaba un poco fresca. Me incorporé en busca de alguna señal que me indicara su
procedencia. No vi nada. Decidí entonces caminar en dirección al bosque. Me
adentré en la maleza y en la oscuridad. Los altos árboles impedían que la luz
penetrara, provocando una sensación escalofriante a quien osase ir allí. El
camino estaba lleno de piedras, las sentía hundirse profundamente en mis pies.
Iba apoyándome en los troncos de los árboles para ayudarme a seguir. Allí
reinaba el silencio, tan solo se oía el ruido que los roedores hacían entre los
arbustos y el trino de los pájaros. Por un momento sentí el impulso de dar la
vuelta y echar a correr, pero pensé en Hatya. Fue entonces cuando lo vi: de
nuevo la sangre. Exhalé aire y seguí el rastro. Llegué a las profundidades del
bosque en donde el frío se hacía eco. Vi una pequeña cabaña en mal estado. La sangre
se extendía hacia la entrada. Con miedo fui hasta allí, la sangre indicaba que
aquella cabaña era el origen de todo, me asomé pero tan solo vi penumbra. Entré
en busca de no sé muy bien qué, entonces fue cuando la vi.
El cuerpo de una
mujer inconsciente yacía tendido en unos de los rincones. Corrí hasta ella para
auxiliarla. Llevaba una diadema de flores alrededor de su melena castaña y un
vestido de algodón color nieve. Tan solo entonces me di cuenta que era Hatya. Tenía
las muñecas atadas y una mancha de sangre entre sus piernas. Nerviosa, comencé
a llamarla zarandeándola suavemente. Abrió los ojos y me reconoció.
—Aruth —dijo con un hilo de voz quebrado— tienes que irte de aquí, sino también te
matará a ti.
Un largo
escalofrío me recorrió todo el cuerpo.
— ¿Quién te ha hecho esto? —pregunté, pero entonces oí pasos entre el bosque.
— Aruth, tienes que irte —suplicó con miedo.
Salí
de allí tan rápido como pude y me escondí detrás de un árbol. Las pisadas cada
vez estaban más cerca. Tuve miedo, quise salir a su encuentro, pero Hatya tenía
razón, si me dejaba descubrir las dos estaríamos perdidas. Una figura masculina
se acercó a la cabaña dispuesta a entrar. Entonces se giró para inspeccionar
los alrededores y asegurarse que nadie le vigilaba. Lo vi, y una marea de
sentimientos se apoderó de mí. Era Milo. Me llevé las manos a la cara ahogando
un grito y comencé a llorar. No podía creer lo que estaba viendo. El hombre con
el que llevaba casi toda mi vida se había convertido en un monstruo. Me sequé
las lágrimas y suspiré. Oí voces desde la cabaña. Milo gritaba, Hatya lloraba y
le rogaba que la dejara en paz. Me acerqué sigilosamente y me asomé. Hatya
estaba de rodillas llorando, Milo se encontraba frente a ella de pie. Vi cómo
la golpeó gritándole que se callara. Hatya se resistía y comenzó a gritar. Milo
giraba sobre sí mismo, estaba fuera de sí. De repente, cogió un puñal y amenazó
a Hatya con clavárselo si no dejaba de gritar. La chica lloraba
desconsoladamente. La iba a matar allí, delante de mí, sin piedad. No lo pensé,
reparé en una lanza que había tirada entre los matorrales, la cogí y me dirigí
al interior de la cabaña. Fueron apenas unos segundos. Corrí hasta Milo y le
clavé la lanza lo más profundo que pude. Cayó al suelo, la sangre brotaba de su
estómago. Por Jilw, lo había matado. Desaté a Hatya y la ayudé a levantarse,
estaba temblando, me miraba con unos ojos que desprendían alivio y miedo.
— Está
muerto, Aruth —dijo llevándose las manos a la cara
— Te
iba a matar, Hatya, no lo podía permitir.
— ¡Por
Jilw, Aruth! ¿y ahora que vamos a hacer? —preguntó buscando mi mirada.
—Me
vas a tener que ayudar, Hatya. El río está tan solo a unos metros, lo
llevaremos hasta allí y haremos como que todo ha sido un mal infortunio —dije
buscando su aprobación.
Hatya
lloraba y negaba con la cabeza, pero aceptó seguir mi plan. Saqué la lanza del
cuerpo inerte de Milo y, entre las dos lo levantamos y andamos hasta el río. Una
vez allí, lo dejamos en la orilla y con un leve empujón vimos como poco a poco
la corriente lo alejaba. Miré a Hatya y la abracé. Ella
seguía llorando y
temblando. Le cogí la mano y le entregué su pulsera.
— ¿Qué
va a pasar ahora? —preguntó acariciando su pulsera.
— Volveremos
a casa y esto quedará entre nosotras, ¿de acuerdo? —ella asintió
— Me
violó, Aruth —dijo buscando consuelo —me asaltó ayer mientras cogía flores, me negué
pero…
— Lo
sé pequeña, lo sé. Ya pasó —la abracé y le tendí mi mano.
Y juntas
volvimos a casa cogidas de la mano sabiendo que aquel secreto moriría con
nosotras.
Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 4. Escribe un relato en el que el protagonista se convierta en un asesino.
© Este relato tiene todos los derechos reservados
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¡Los OrigiPuntos!

¡¡Hola!
ResponderEliminarEstupendo relato, muy bien ambientado, con todo ese mundillo étnico, vocabulario y costumbres que has usado ha quedado muy creíble. Historia realista, cumple todos los objetivos y todo correcto así que te añado esa preciosa pegatina completa al recuento y para la próxima actu, tendrás 10op más ;3
Eso sí, consejitos:
Te olvidaste un par de puntos al final de frase en los diálogos.
Revisa un poquito la normativa para la puntuación en los diálogos;3 te lías un poco con los espacios, más que nada. Para resumir, no hay espacio tras el primer guión y el resto enmarcan siempre al narrador así:
—Hola —dijo—. Bienvenido sea.
Como en los parentesis, la coma o punto va tras la aclaración y no pegada al "Hola" y weno, es un poco confuso y son muchas cosillas, así que entiendo que te lies un poco xP.
Y luego pusiste:"a quien se osase ir allí" que no estoy segura de si se te coló, pero sería "a quien osase" o "a quien se atreviera a".
La parte en que la anciana entra en la casa también tiene una frase algo extraña y un poco repetitiva.
Pero muy bien en general, geniales los dos relatos aunque creo que por sencillez y claridad me gustó más el primero. Y con un repasito rápido se solucionarían esos detallitos que te comenté así que nada importante ^^, espero que te ayuden. Enhorabuena por la ambientación sobretodo y muy bonito el tipo de personaje principal. Ánimo para abril ;3
.KATTY.
@Musajue
Hola! Gracias!
EliminarMe resulta extraño porque eso que dices de "se osase" lo cambié mucho antes de que me comentaras (me di cuenta releyéndolo) pero no sé porque entonces te sale la versión antigua...últimamente el blog me ha dado algún problemilla. Jaja no es que me lie con los espacios, guiones etc, es que al pasarlo de Word al blog no sé que puñetas pasa que se me descuadró todo y aunque me tiré un buen rato intentando arreglarlo no hubo manera y al final pues se ha quedado un poco churro pero va, mientras se entienda me doy con un canto en los dientes!
Me alegro que finalmente te haya gustado!😉
Sí, por supuesto ^^ ambos relatos están realmente bien. Lástima que te de tanto problema al pasarlo desde word :S esperemos que tenga solución. Un abrazote y muchos ánimos para los siguientes, que vas genial :3
EliminarHola, Sheila!
ResponderEliminarTengo que decirte que me ha encantado la ambientación que has utilizado para estos dos relatos, te has salido de los marcos típicos y eso siempre mola mucho!
Te quería comentar lo de los diálogos, pero ya vi que Katty lo hizo ya y que es cosa del traspaso desde word, así que poco se le puede hacer a eso jajaja
Sigue así! y felicidades por los 10 puntetes <3
¡Muy buenas! Ya estoy por aquí.
ResponderEliminarSobre el primer relato, tengo que decir que me ha atrapado bastante, pese a que los nombres tan diferentes a los que suelo leer me han sacado un poco de la lectura porque no me acordaba bien de quién era quien y tenía que andar subiendo para verificar si el nombre había salido ya. Aunque esto me ha gustado porque le daban más realismo a la escena que estabas contando.
Por lo demás, me gusta que dejes abierto el final, con el tema de los arañazos en la espalda del hombre y la niña perdida, creo que van a tener relación ambas cosas y supongo que explicarás más de ello en el siguiente relato, por lo que voy a leerlo ahora mismo.
Sobre el segundo relato, no me ha atrapado tanto como el primero porque ya me hacía una idea de lo que iba a pasar, pero también está bien escrito y cumples el objetivo, así que perfecto. Enhorabuena por la pegatina completa y por estos relatos!!