Hoy os traigo mis 2 nuevos relatos de Abril para el #OrigiReto2018, una iniciativa de los blogs Solo un capítulo más y La Pluma azul de Katty, en donde podéis encontrar las bases del reto así como todos los objetivos propuestos. ¿A qué estáis esperando para apuntaros?
Espero que os guste leer estos dos relatos, pues los he escrito con mucho cariño y disfrute.
Antes de deciros a qué objetivos pertenecen, como siempre, quiero que los leáis y opinéis qué os parecen.
¡Aquí los tenéis!
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Lluvia de estrellas
Eran
las once y media de la noche en el reloj de mesa, en mi mundo, era la hora más
triste de los últimos treinta años.
Sentada
en el borde de la cama, contemplaba como la respiración de Marian se aceleraba
por momentos. Durante los últimos días, la fiebre se había apoderado de su
frágil cuerpo, los sudores habían bañado su frente y las convulsiones
provocaban que toda ella botase. Sumergí el paño en agua fría y lo coloqué
sobre su cabeza. Marian ardía, a la vez que se consumía poco a poco. Aquella
extraña enfermedad sin nombre se la estaba llevando poco a poco, y sin
quererlo, a mí con ella.
Pasé
el paño por su cabeza, su cara, su cuello, sus pechos, y así hasta que hube
llegado a cada rincón de su delgado cuerpo.
En
uno de esos momentos abrió los ojos y dirigiendo una mirada perdida me regaló
una pequeña sonrisa.
—Helena —emitió con voz de inframundo
buscando mi mano— no…no sigas, por favor.
—No
hables Marian, necesitas descansar —le dije asiéndole la mano.
—Helena…— una tos infernal la impidió continuar la frase.
Yo
me moría por dentro, verla así me partía en mil pedazos.
—Helena —dijo al fin— no sigas torturándote, no quiero seguir así, por favor…
—No
sé qué más hacer —dije vencida mientras las lágrimas resbalaban por mis
mejillas— ¿Qué puedo hacer Marian?
Marian
me miró. Sentía que en lugar de cuidarla yo a ella, era ella la que estaba
cuidando de mí.
—Quiero que me lleves a la colina.
—No, te pondrías peor.
—Helena…si me quieres ayudar haz lo que te pido.
Asentí
a regañadientes. La ayudé a levantarse y la vestí con la mejor ropa de abrigo
que encontré. Me coloqué el abrigo y por último, cogí un gorro de lana que
Marian me había regalado hacía dos años y se lo puse. Salimos con dificultad,
pues su estado febril hacía que no pudiera caminar equilibradamente, de modo
que la apoyé sobre mi hombro y conseguimos llegar hasta el coche. Arranqué y
conduje hasta donde Marian me había pedido. Era una noche fría de noviembre, el
termómetro marcaba menos un grado. A mi lado, Marian respiraba costosamente,
pero me regaló su sonrisa tranquilizadora durante todo el trayecto. Cuando
llegamos, dejé el coche en un camino de tierra. Ayudé a Marian a bajar y
caminamos hasta llegar a lo alto de una colina. Era una noche preciosa, y aquel
lugar la hacía más increíble aun. Desde la colina se podían ver los verdes
prados en los que descansaban miles de tulipanes rojos y amarillos y, más
abajo, el mar. Inusuales luciérnagas volaban alrededor permitiendo apaciguar la
oscuridad y poder contemplar aquel paisaje. Pero no era ese el motivo por el
que nos gustaba tanto aquel sitio, nuestro sitio, sino por la magnífica
contemplación estelar que desde allí se podía hacer. Lejos de toda iluminación,
lejos de toda contaminación, aquel era un lugar maravilloso. Me faltarían
palabras para describir lo que aquella contemplación nos hacía sentir, porque
sé que Marian lo vivía con mucha más pasión que yo, así era ella, vivía todo su
mundo al máximo.
Marian
se tumbó. Yo permanecí sentada, mirando no sé muy bien a donde, buscando no sé
qué respuesta, intentando reprimir silenciosamente mis lágrimas y sollozos.
—Como sigas llorando te perderás la lluvia de
estrellas y no podrás pedir un deseo —me dijo. Su voz sonaba natural, como si
la fiebre se hubiera ido, como si aún le quedara toda una vida por delante.
—No
creo que las estrellas escuchen mis deseos —contesté sin mirarla, pues nunca me
había gustado que me viera llorar.
—Porque eres una llorica, y a las niñas lloricas las estrellas no les conceden
su magia.
—¡Joder
Marian, hasta enferma tienes que seguir siendo una puñetera payasa! —dije con
rabia mientras me secaba las lágrimas.
—Ven aquí anda, túmbate conmigo.
Le
hice caso y me acomodé a su lado, levantó su brazo y dejó que me abrazase a
ella.
—Así estás mucho mejor —dijo besándome la frente— y ahora a ver esta maravilla.
Hacía
frío, pero al lado de Marian nada importaba. No podía evitar pensar en cómo se
sentiría ella, debía estar helada, pero contemplaba con la ilusión de una niña
aquellas vistas nocturnas.
Desde
allí se podían ver las estrellas de manera tan clara que incluso parecía que
podías moverte entre ellas. Incontables cuerpos celestes brillaban en aquel fuliginoso
firmamento.
—¿Alguna vez te he contado como se produce la lluvia de estrellas? Cuando un
cometa se adentra en el interior del sistema solar, la interacción con el
viento hace que su superficie se active. Los gases y materiales de la
superficie del cometa salen despedidos al espacio, y pasan a orbitar al sol en
órbitas muy similares a las de su cometa de origen, y así… —
—…se
forma una corriente o anillo de partículas, denominado técnicamente enjambre de
meteoros. La órbita terrestre cruza algunos enjambres de cometas de periodo
corto, produciendo lluvias de meteoros —terminé yo—. Sí, me lo has contado.
—¿También
te he contado que este lugar es mágico?
—La
magia no existe —le contesté lanzándole una mirada de soslayo.
—Claro
que existe, aquí fue donde te conocí —me dijo buscando mi mirada, su
respiración sonaba más calmada que momentos antes de llegar allí.
La
miré con los ojos bañados en lágrimas y la abracé lo más fuerte que pude.
Quería quedarme allí así, con ella, sin que nada ni nadie nos separara.
—No
tengas miedo, ¿me oyes? —dijo susurrándome al oído—. Yo siempre estaré a tu
lado.
Dejó
que sus labios encontraran los míos y nos fundimos en un beso cálido, sincero,
de los que hacen que todo tu cuerpo se active. Ya no ardía, ya no temblaba,
ahora tan solo disfrutaba del tiempo que le quedaba, de aquella noche, de aquel
lugar mágico, de mí, y yo de ella.
Me
dejé llevar por la noche, y disfruté de aquella lluvia de estrellas pidiendo a
cada una de ellas que no acabara aquella noche, que no se la llevaran. Tan solo
recuerdo que me acurruqué en sus brazos y fui dejando que un sueño esperanzador
se apoderase poco a poco de mi mente, mis ojos y, finalmente, de mi miedo.
Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 17. Describe una noche o crea un relato que suceda en un bosque encantado
© Este relato tiene todos los derechos reservados
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Tulipanes
rojos
El sol asomaba
lentamente por el horizonte arrojando sus lívidos rayos sobre la colina y los
floridos prados. Se podía percibir el aroma del pasto bañado por el rocío
matinal. La suave brisa acompañada de la melodía de los pájaros, anunciaba un
nuevo día a la naturaleza aun durmiente. Todo era calma en la inmensidad de
aquel paisaje. No recuerdo un despertar más dulce que aquel, no recuerdo un
despertar tan deseado, tan lleno de vida.
Me incorporé aun medio
dormida. Mi cabeza daba vueltas. Cerré los ojos intentando que aquella extraña
sensación desapareciera. Lo conseguí, se fue. Abrí los ojos y pude contemplar
el inmenso mar que frente a mi tenía, la fresca brisa traía un aroma de mar
salado. A mi izquierda, Helena seguía durmiendo profundamente. Hasta durmiendo me sigue pareciendo sexy,
pensé. Dejé el gorro que Helena me había puesto la noche anterior y me pasé las
manos por la cabeza revolviéndome el pelo. La ventaja de llevarlo casi rapado
era que no me hacían falta cepillos ni peines para arreglármelo, con las manos
me bastaba. Finalmente me levanté. Tenía el cuerpo entumecido, pero no sentía
ningún malestar. ¿Dónde estaban los sudores de estos días atrás? ¿Y la fiebre,
y los temblores? Debo haber muerto,
dije. Pero, ¿y Helena? ¿También ella estaba muerta? Quizá las dos habíamos muerto,
sí; yo de aquella maldita mierda sin nombre, ella de frío y la tristeza que la
consumía. Sea como fuese, me sentía mejor que nunca.
Eché a andar colina
abajo. Un extenso terreno lleno de tulipanes rojos y amarillos se abrió ante
mí. Comencé a correr, brincar, saltar. Me revolqué entre ellos, me impregné de
su olor, reí sin motivo y lloré, lloré como una niña sin saber muy bien porqué.
Tal vez porque hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto, que no vivía tanto.
Oí una voz gritando mi nombre a lo lejos, era Helena que corría aceleradamente
hacia mí. Llegó sin aliento, jadeando.
—Marian, ¿qué…qué
haces? —preguntó con cara de asombro y miedo mientras intentaba recuperar la
respiración.
No dije nada, tan solo
cogí su brazo y la arrastré hacia mí. Cayó acostada de medio lado sin entender
nada. Busqué sus labios y la besé. La besé con pasión, con ganas, ganas de
arrancarle todo cuanto llevaba puesto, ganas de sentir su piel en mis labios.
—Marian, ¿qué ha
pasado? —preguntó sosteniendo mi mirada.
—Ya te dije que este
lugar era mágico —seguí besándola, pero esta vez toda su cara.
Nos quedamos allí
tumbadas, entre los tulipanes. Allí nos habíamos conocido hacía diez años. Yo
había ido a pasar un día de verano con unos amigos de la facultad y para mi
sorpresa, algunos de ellos llevaron a otras amistades, entre las que estaba
Helena. Nada más verla supe que era la chica que siempre había estado buscando.
Recuerdo que mi primera conversación fue sobre el significado del color de los
tulipanes.
—Los tulipanes de
color amarillo se relacionan con la amistad, aunque hay gente que le da un
significado negativo a este color. Los rojos, por su parte, son los que se
buscan cuando se quiere expresar o declarar amor. Una vez leí que el amor
debería ser exhibido con estas flores color rojo —le hube dicho mientras una
joven Helena me escuchaba asombrada.
Ese día, arranqué un
tulipán amarillo y se lo di en muestra de la amistad que quería tener con ella.
A partir de ahí, no recuerdo quién fue la que se enamoró primero, solo sé que
nos vimos todos los días de los siguientes diez años.
—Marian, sigo sin
entender nada —dijo sacándome de mi ensimismamiento— anoche mismo estabas fatal
y hoy… ¡debo estar soñando!
—Pues soñemos juntas.
Me levanté dejando a
Helena allí tumbada y corté seis tulipanes rojos. Como pude, hice con ellos un
ramo y até una de mis pulseras en los tallos para conseguir consistencia. Volví
de nuevo hasta ella y me arrodillé a su lado.
—Helena Morga Cusó —me
aclaré la garganta para proseguir— ¿quieres casarte conmigo?
Helena se incorporó de
un brinco. Su mirada denotaba sorpresa.
Me observó durante unos segundos sin más expresividad que con un levantamiento
de cejas. Entonces comenzó a sonreír dejando caer unas cuantas lágrimas. Me
abrazó y acercándose a mi oído susurró: sí.
Cogió el ramo que le
había hecho y me besó.
—Te echo una carrera
hasta la playa —dije.
Me descalcé y arrojé
mis botas. Seguidamente, eché a correr. Podía sentir la hierba fresca en cada
una de mis pisadas, no miré atrás, no sabía si Helena había accedido a mi
juego, solo sé que mis piernas me llevaban ligeramente, sin esfuerzo, como si
de nubes se tratasen. Mariposas de diversos colores comenzaron a revolotear a mí
alrededor.
Seguí hasta alcanzar la
orilla. Apoyé los brazos en las rodillas para recobrar el aliento. Cuando me
hube recuperado, metí los pies descalzos en el agua. Ni rastro de Helena.
Estuve así unos minutos, disfrutando del choque del agua en mis pies, inhalando
aquel olor marino con los ojos cerrados, escuchando como las gaviotas
graznaban. Sin pensarlo, comencé a desnudarme hasta quitarme hasta la última
prenda y me fui adentrando hasta solo dejar mi cabeza fuera del agua. Helena
apareció al poco, al verme gritó desde la orilla:
—¡¿Pero te has vuelto
loca?! ¡¿Qué haces metida en el agua en pleno noviembre?! Y en tu estado…
—¿Qué estado, el de
prometida? ¿Desde cuando las prometidas no se pueden bañar? —le pregunté para
picarla—. Deja de quejarte y ven aquí.
Oí que refunfuñaba algo
mientras se quitaba la ropa.
—Aún sigo sin entenderlo —dijo cuando llegó hasta
mí— ¿hemos muerto o estoy soñando?
—¿Qué importa eso ahora? Lo importante es que estás
conmigo y que ya nada ni nadie podrá separarnos —y la besé mientras nos
sumergíamos bajo el agua.
Lo cierto es que no sé si habíamos muerto aquella
noche contemplando las estrellas, no sé si, dentro de toda fantasía, era cierto
que aquel lugar era mágico y consiguió curarme, tan solo sé que ese día lo viví
como si fuera el primero de una larga vida junto a ella.
Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 9. Describe un despertar original.
© Este relato tiene todos los derechos reservados
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Y Ahora….
¡¡Mi Pegatina!!



¡Hola!
ResponderEliminarPor fin me paso por aquí y ¿qué puedo decir? Me han encantado los dos relatos. Debo reconocer que el primero me estaba dejando preocupada porque pensaba que Marian iba a morir al final, pero con el segundo me he quedado más tranquila xD. O no, porque quizá sí han muerto.
Sea como sea, me ha enganchado mucho la fluidez de la narración y me ha gustado cómo has desarrollado la relación entre las dos protagonistas.
Un saludo, hasta otra.
Hola!!!
ResponderEliminarGracias!! Eres la primera que me comenta este mes.
Jeje, sí, dejo que cada cual piense lo que quiera, así pueden haber varias versiones de la historia y no solo la que yo dé.
Ánimo!! ^^
Hey! Cómo estás?
ResponderEliminarQue decir. WOW.
El despertar original es uno de los que me traen de cabeza junto al de las redes, y WOOOW. Está súper!
Me recordó a una OTP y ay :")
Y y y pues solo decirte que pues debes revisarlo un poquito porque en Tulipanes me confundí un poco debido a que pones "entre los que estaba Marian" cuando narra Marian y es Khe X.X
Pero a mí me pasa tanto o más veces que ya ni te cuento pero corrígelo porque confunde un pelín ;)
¡Espero leer tus otros retos!
Hola!!
EliminarGracias!!
Tienes razón, me he confundido en eso que dices y por mas que los he leído no me percaté. Lo corregiré en cuanto pueda.
A por los siguientes!! 💪
Hola!
ResponderEliminarNo sabes la felicidad que me ha dado comenzar a leer los relatos de <bril con estas dos chicas y su historia <3 Los dos relatos son muy bonicos, felicidades por ellos y por los puntetes que te apuntas!
!!!Muy chuloooos!!! Están bien enlazados y ambos son correctos. El primero es algo triste y un poco bajonero por la situación, pro el cambio de ánimo del segundo hace que cambie mucho la lectura y comprensión de ambos. Me ha encantado la actitud de Marian, positiva ante todo, y la preocupación extrema de Helena todo el tiempo. Creo que es bastante realista. Me gusta como avanza el tema entre ellas y lo inesperado de la situación. Te sumo esos 10op de la pegatina de abril y ánimo con mayo ;P
ResponderEliminar.KATTY.
@Musajue
¡Muy buenas! Ya estoy por aquí. El primer relato es súper triste y me ha traído reminiscencias de otro que he leído este mes en el que también había una colina y una situación bastante triste, el primero de Esther de abril.
ResponderEliminarLa situación con las estrellas ha sido muy tierna pero he sentido miedo por si se iba a quedar fría y se iba a morir ahí mismo, me ha parecido un poco inconsciente quedarse dormidas, así que he ido con miedo a empezar el segundo relato.
En el segundo relato la verdad es que he pensado desde el inicio que habían muerto, aunque no veía por qué habrían muerto las dos y no sólo Marian, así que… me he quedado con la duda. Creo que es el mejor punto del relato porque es un poco abierto a la interpretación de cada uno y a pesar de dejar abierta la posibilidad de la muerte se muestra como algo tierno y aceptable y no como un drama, así que viene a contrarrestar un poco el drama del primer capítulo.
¡Muy chulos ambos! Pronto puntitos en el ranking.