domingo, 3 de marzo de 2019

Lo sobrio de la ebriedad


Lo sobrio de la ebriedad

Acaba de caer una lágrima en el alfeizar de la ventana. Me siento ahí cuando necesito estar solo, cuando me vienes a la mente. Con este es el sexto cigarro de hoy y tan solo son las ocho de la mañana. Con esta es la cuarta botella de whiskey y tan solo estamos a tres de marzo. Sí, me aficioné al alcohol cuando decidiste alejarte de mi vida. A mí no me ayuda a olvidarte, al contrario, tu recuerdo cada vez está más arraigado en todo mi cuerpo. Las lágrimas me acompañan con cada calada, con cada trago. No sé si quien escribe soy yo o mi dolor, pero mis amigos dicen que últimamente soy el puto amo escribiendo, no saben que tu partida es la causa. No, aun no les he dicho que te has ido, para eso necesito un par de botellas más.

Aún tengo en mi mesilla los calzoncillos que tanto te gustaban, te los dejaste la última vez  que deshiciste mi cama, recuerdo que te susurré: “Zeus, mi dios griego” mientras tú te reías y buscabas mi boca.

Sigo esperando que llames a mi puerta y me digas que eres el ser más imbécil que has conocido mientras yo me hundo en tu cuello, pero eso no va a pasar porque te llevaste tu cepillo de dientes, sé que nunca volverás.

Yo mientras tanto seguiré sentado en mi alfeizar ennegreciéndome los pulmones y dejando que el whiskey escriba los versos más sobrios que mi mano ebria es capaz de plasmar.

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