sábado, 25 de agosto de 2018

Origireto Agosto. Adalia

Hola amantes de las letras!
Hoy vuelvo después de dos meses con un nuevo relato para el #OrigiReto2018, una iniciativa de los blogs Solo un capítulo más y La Pluma azul de Katty, en donde podéis encontrar las bases del reto así como todos los objetivos propuestos.
Por mas que he intentado este verano escribir, el calor y la pereza han conseguido apoderarse de mí. Pero por fin me he espabilado y os traigo el relato de este mes.
Antes de deciros a qué objetivo pertenece, como siempre, quiero que lo leáis y opinéis qué os parece.
¡Aquí lo tenéis!

Notas sobre onomástica:
Adalia (persa). Seguidora del dios del fuego 
Nuriel: Nombre hebreo masculino que significa: “luz o fuego de Dios”.



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Adalia
Esta no es una historia cualquiera. Es la historia de cómo conocí a mi mejor amiga, de cómo por una vez me sentí querido y, de cómo una vez más lo arruiné todo.
A las afueras de un pueblo cuyo nombre no diré, vivía una familia de campesinos. Un matrimonio que trabajaba duramente para poder alimentar a sus dos hijos, Nuriel y Adalia. Nuriel era el hermano mayor, un joven de 14 años que tras su jornada escolar acudía al campo a ayudar a sus padres, Adalia era la hija pequeña, una niña de 7 años cuya cara angelical parecía haber sido esculpida minuciosa y delicadamente. Adalia pasaba la mayor parte de sus días sola en casa esperando la llegada de su familia, pues en aquel pueblo la educación de las niñas era muy costosa y la familia Pirford no podía permitírselo.
Ocurrió un día que, el señor Pirford cayó enfermo, las fiebres y los vómitos debilitaban su cuerpo haciendo que pasara el día encamado. A consecuencia de ello, la señora Pirford tuvo que aumentar su jornada laboral y el joven Nuriel abandonó temporalmente la escuela para ayudar a llevar más dinero al hogar. Desde el alba, Nuriel y la señora Pirford montaban en su carromato y trabajaban y trabajaban hasta que al anochecer llegaban exhaustos. La pequeña Adalia, mientras tanto, se quedaba en casa cuidando de su enfermo padre.
—Cuida bien de la casa, no abras la puerta a extraños y sobre todo por nada del mundo enciendas la chimenea —le decía la señora Pirford todos los días antes de su marcha.
Adalia asentía y tras recibir un beso de su madre se acurrucaba en su cama.
Los meses pasaron, y la salud del señor Pirford fue empeorando, ya apenas caminaba o emitía sonido alguno. El doctor no podía hacer más, así que tan solo pudo recomendar que le siguieran administrando la medicina y esperar a que todo acabase.
Una mañana de invierno, Adalia se dispuso a administrarle como cada día la medicina a su padre, pero al abrir el frasco comprobó como este carecía de contenido.
Adalia se puso nerviosa. Su madre le había prohibido que bajo ningún concepto saliera a la calle, pero sabía que no administrarle a su padre la medicina conllevaba a que su débil salud empeorase. Sin pensárselo, se echó su capa y puso rumbo hasta la casa del doctor.
Llamó dos veces a la puerta con sus huesudos nudillos. Un hombre con el pelo como la nieve la recibió con admiración.
—Pequeña Adalia —dijo poniéndose a la altura de la pequeña— ¿Qué haces aquí tu sola?
—No le queda medicina, doctor. Mi padre cada día está peor… ¿se va a morir? —preguntó clavando sus llorosos ojos en él.
—Claro que no se va a morir, mira haremos una cosa: te daré la medicina y tienes que prometerme que en cuanto llegues le ayudaras a ponerse ante el fuego para que entre en calor, pues el frío hará que empeore.
Adalia asintió desesperadamente. Tras coger la medicina, caminó hasta casa mientras un gélido viento azotaba su cara y penetraba hasta lo más profundo de su diminuto cuerpo.
Una vez en casa, le dio al señor Pirford la medicina y recordó las palabras del doctor: encender la chimenea. Eso que su madre tantas veces le había prohibido. Pero si no lo hacía su padre corría peligro. Sin pensárselo, coloco leña en aquellos hierros oxidados y arrojando una cerilla me despertó.
—¡Ya era hora Adalia, pensé que nunca iba a despertar!
—¿Quién ha dicho eso? —preguntó con la cara petrificada.
—Pues yo, Ignus. ¡Yuju, aquí, en la chimenea!
Adalia se acercó con paso temeroso.
—¿Puedes…hablar?
—¡Pues claro que puedo hablar!
—Pero eres…fuego.
—Oh sí, soy fuego… ¿Y qué? ¿Nunca has visto a un fuego parlante? —pregunté mientras hacía arder aquellos troncos.
Adalia esbozó una sonrisa. Podría decir que he visto a todas las personas del mundo en algún momento de sus vidas, tengo millones de años, he recorrido cada rincón del mundo, pero nunca había visto unos ojos como los de aquella niña. Ojos azul mar que reflejaban inocencia, fuerza, pero sobre todo ganas de vivir.



Tras ese día, y a pesar de las regañinas y preocupación de la señora Pirford, me dejaban cada noche llenando el hogar de calor y cada mañana Adalia sentaba a su padre frente a mí con el fin de matar al frío invernal. Mientras el señor Pirford perdía su mirada en mis llamas, Adalia y yo hablábamos. Yo le contaba los lugares tan maravillosos que había tenido la suerte de conocer, ella me hablaba de los sueños futuros, de la amistad y el amor a su familia. Adoraba a aquella familia, pero sobre todo la adoraba a ella. La salud del señor Pirford fue mejorando día tras día, las fiebres habían remitido y había vuelto a caminar.
Pero, como dije al principio de esta historia, por naturaleza tiendo a arruinarlo todo.
Fue una noche de enero. La familia Pirford dormía plácidamente y yo, como cada noche, me quedé de guardián del hogar. No consigo explicarme como pasó, pero para cuando quise darme cuenta la casa ardía. Me había extendido por todo el piso y trepaba velozmente las paredes reduciéndolo todo a ceniza. Aquel hogar lleno de amor había dado paso a un escenario humeante. Junto a la familia Pirford acudieron decenas de vecinos con calderos y mangueras para reducirme. Yo intentaba parar aquella catástrofe, pero lo único que conseguía era propagarme más. El agua que vertían sobre mí surtía efecto, pues cada vez me sentía más débil y consumido. Fue entonces cuando conseguí distinguir el lazo rojo de Adalia, estaba junto a mí, casi carbonizado. Me aferré a él y esperé a que todo acabara. Busqué una última vez los ojos de Adalia. Estaban inundados en lágrimas mientras gritaba que no acabaran conmigo porque yo era su amigo. Observé una vez más aquella casa en la que tanto me habían querido y en la que yo tanto daño había causado hasta que poco a poco me apagué.
Hoy he despertado de nuevo en la playa, el viento es cálido y las gaviotas graznan sin cesar, a mí alrededor suenan decenas de voces, pero entonces los veo: esos ojos azul mar y esa sonrisa angelical que siempre recordaré.     

 Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 15.   Escribe una historia con un incendio como protagonista como si fuera un ser vivo
  © Este relato tiene todos los derechos reservados  



3 comentarios:

  1. Muy buenas Sheila!
    La verdad es que no esperaba que este relato fuese para el objetivo que acabó siendo. Es cierto que está claro que desde el inicio lo narra otra persona que no es Adalia, pero no me había dado cuenta hasta el momento en que la madre le prohibe encender fuego (por qué motivo lo hace? Sólo por miedo a que arda la casa, o conoce al fuego con vida?).
    Me ha gustado esta forma de enfocaar el objetivo, en la que realmente parece que el fuego sea algún ser vivo mitológico, o algo así.
    Sobre todo, me ha gustado el final, cuando vuelven a verse en la playa. Es una escena super visual y la has reflejado con muy pocas palabras.
    Enhorabuena por esta vuelta, esperemos que sea para quedarte :D

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    1. Ey!
      Me alegro que te haya gustado.
      En realidad el hecho de que la madre no quiera que se acerque al fuego es porque lo considera peligroso para una niña de 7 años que prácticamente está sola en casa, pero la idea cambia al ver la recuperación del marido. La verdad es que tenía un relato completamente distinto para este objetivo, pero de repente me vino este y decidí publicarlo. Mi intención es seguir sí, pero los objetivos que me quedan son los más complicados para mí, así que intentaré hacerlos como pueda. 💋

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  2. Hola Sheila! Encantada con el relato. Hacia la mitad cobra un giro y cambia completamente de rumbo, pero se entiende bien, es entretrnido, tiene sentid, cumple el objetivo y todo correcto, me ha gustado. t
    Te cuento los 5op ^^

    Y no te preocuopr, participa cuando te parezca :P y gracias por tu relato.

    .KATTY.
    @Musajue

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