Debería estar
prohibido nacer esclavo, saber que la primera exhalación de aire ya no
es libre, sino que pertenece al mal nacido al que trabajarás.
Debería estar
prohibido no poder escuchar los dulces sonidos que nos da la vida, la
música hipnotizante de las liras o el amor ondeante de las cuerdas
tensadas del violín.
Debería estar
prohibido no poder ver las siete maravillas del mundo y la octava, ese
fiel reflejo en el espejo de tu hermosa cara, porque es así, eres una
persona hermosa.
Debería estar prohibido no poder darle al paladar el exquisito placer de saborear todo cuanto se pone ante ti.
Debería estar
prohibido no poder oler los floridos campos, ese perfume impregnado en
las pieles de cuantos están a tu alrededor.
Debería estar prohibido no ser el motor de tus movimientos.
Prohibidas también las guerras, los obuses pendientes del cielo y su impacto en la tierra.
Debería estar prohibido el pasar hambre, el pasar frío por no tener cobijo, las miserias y penalidades.
Debería estar
prohibido el sufrir infantil, que los niños y niñas pudieran ver su
cabeza desnuda mientras intentan luchar contra el fantasma que se les ha
colado en su cuerpo y no quiere salir.
Debería estar prohibido no sentirse querido.
Prohibidas las miradas, caras y almas tristes.
Debería estar
prohibido romper los sueños porque, soñando, es la única manera de poder
evadir cuantas prohibiciones hay en este jodido y a la vez fantástico
mundo.
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