domingo, 24 de junio de 2018

OrigiReto Junio 1 y 2. 19:38 y En el zulo

Hola amantes de las letras!
Han pasado ya más de dos meses desde mi última entrada. La verdad que ha sido un tiempo de estrés, trabajos y estudiar a tope, pero por fin todo se acabó y puedo disfrutar de mis merecidas vacaciones! 🌊🍹
Como he dicho, estoy de vuelta y sigo escribiendo. Como habréis observado, le he dado al blog un diseño más alegre y veraniego y, para inaugurarlo, os traigo mis 2 nuevos relatos de Junio para el #OrigiReto2018, una iniciativa de los blogs Solo un capítulo más y La Pluma azul de Katty, en donde podéis encontrar las bases del reto así como todos los objetivos propuestos. ¿Acaso tenéis mejores cosas que hacer que escribir y demostrar al mundo vuestra creatividad e imaginación?
Espero que os guste leer estos dos relatos, después de tanto examen me apetecía escribir algo diferente, he querido darles un toque de intriga, no sé si lo he logrado, eso espero que lo digáis vosotris.
Antes de deciros a qué objetivos pertenecen, como siempre, quiero que los leáis y opinéis qué os parecen.
¡Aquí los tenéis!

P.D: Si veis texto en gris ignoradlo, es negro, pero blogger está algo tonto y no cambia el color. El texto verde indica conversación por móvil, de todas formas he añadido un símbolo móvil para que se vea mejor, mi idea era hacerlo con bocadillos de texto para simular la app, pero no ha sido posible y por ello he usado los colores.

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19:38
Corro. Corro lo más rápido que puedo. La que está cayendo ha hecho que en unas horas hayan cerrado parques, que las alcantarillas se hayan desbordado y que los parabrisas trabajen a toda pastilla. Y por si fuera poco, ha empezado a hacer viento, lo que agrava aún más la situación.
Consigo llegar a la verja de casa y busco entre mis calados bolsillos la llave. Consigo sacarla, pero se me resbala de las manos. Tras varios intentos sin éxito, decido rendirme y dejar el paraguas. La cerradura tiene un pequeño defecto, por ello, meto tras los barrotes una mano para sujetar la cerradura al otro lado, mientras que introduzco la llave con la otra. ¡Lo conseguí! Encojo los hombros y doy una última carrera hasta el hall. Levanto la cabeza y me doy cuenta: me he dejado el paraguas allí tirado. Da igual, compraré otro.
Voy directa al baño. Llevo la ropa tan mojada que parece una segunda piel. Me desnudo y la dejo en el lavabo. Acciono el agua caliente y me meto bajo la ducha, sintiendo el agua resbalarse por mi cuerpo, recuperando la temperatura corporal.
Una vez recuperada, me enfundo aquel pijama gris con flores moradas que me regaló mi abuela por mi décimo séptimo cumpleaños y me tumbo en la cama.
Cojo mi móvil y miro la hora. Son las 19:38. Hora de jugar. Meto el patrón y me detengo unos segundos antes de poner el dedo sobre el icono verde. Desde hace unas semanas recibo mensajes que no sé de donde proceden, ni qué sentido tienen y, mucho menos quien los escribe, lo único que sé es que todos los miércoles a las 19:38 los recibo y que si no hago lo que me dicen amenazan con matarme.
La primera semana fui a la policía a denunciar aquellos mensajes. Al día siguiente, Tolousse, mi gato, apareció ahogado en la piscina y habían grabado con pintura en el suelo: sigue jugando o la próxima eres tú. Rectifiqué y retiré mi denuncia diciendo que había sido una broma de unos amigos, a lo que el policía insistió en mantenerla, pero me negué y me fui temblando mientras las lágrimas recorrían mis mejillas.
La app se abrió y allí estaba el primer mensaje de ese día:

📱Hola Paula. Espero que no te hayas mojado mucho, no nos interesa que te pongas enferma ahora, el juego sin ti no sería lo mismo.


Maldito hijo de puta, pienso. Me da igual si es hombre o mujer, para mi es una puta bestia. Me tienen vigilada. Saben dónde vivo, donde estudio, por donde me muevo y hasta mi ritmo cardiaco. Desde que recibo los mensajes, procuro intercambiar las palabras necesarias con la gente, no confío en nadie, cualquiera podría ser. Cierro los ojos y respiro profundamente antes de teclear:

Qué tengo que hacer?📱


📱Veo que ya vas pillando las reglas del juego…Somos tan compasivos que hoy el juego se desarrollará en casa, no queremos que te vuelvas a mojar. Por cierto, si lo haces todo bien te compraremos un paraguas nuevo


Me flaquea el cuerpo al leer aquello. Me han seguido. Me incorporo y me apresuro a bajar las persianas, siento que me vigilan a cada segundo.

Me vibra el móvil, es otro mensaje:

📱Jajaja, ¡pero que ingenua, Paula! ¿Crees que somos tan estúpidos como para vigilarte por las ventanas?

Que qué tengo que hacer?📱


De repente, me quedo a oscuras. La lluvia ha provocado que se vaya la luz en todo el vecindario y en la calle. Activo los datos y la linterna del móvil.


📱Que mierda has hecho, Paula?

Se ha ido la luz, joder📱

📱Lee muy atentamente: cómo se te ocurra hacer alguna estupidez estás muerta, entendido?
¿No me ven?, pienso, ¿han colocado cámaras en la casa? Apunto la linterna hacia las paredes escudriñándolas con ojo de halcón, pero no consigo encontrar ninguna cámara.
Voy a la mesilla de noche y saco un par de velas que guardo para ocasiones así. Cojo el mechero que tengo en el escritorio, al lado del ordenador. Se me cae. Dejo el móvil en el suelo para alumbrarme y me agacho para buscarlo. Cuando estoy a punto de levantarme, algo llama mi atención: uno de los enchufes está despegado de la pared, como si lo hubieran arrancado. Acerco el móvil y compruebo como tiene arañazos. Agarro el enchufe, tiro con fuerza y lo arranco de golpe. Acerco más el móvil y encuentro una pequeña cámara escondida. No sé si todos contendrán cámaras, pero no tengo tiempo de comprobarlo.
Contesto con un el último mensaje.
📱Sube a la buhardilla, debajo del escritorio hay dos losas sueltas, las quitas y sacas el maletín que allí encontrarás. Asegúrate de que no esté vacío
Justo en ese instante vuelve la luz. Cojo el móvil y voy escaleras arriba. Pocas veces he entrado a la buhardilla, es el lugar donde trabajaba mi padre y recuerdo que de pequeña solía subir a jugar con él, pero llevo años sin pisarlo.
Abro la puerta y un hedor me golpea de lleno. Enciendo la pequeña bombilla que pende del techo y voy hacia donde me han dicho. Ladeo con todas mis fuerzas el escritorio,  me agacho y compruebo como es cierto: hay dos losas sueltas. Las levanto y veo un maletín plateado. Lo abro y no puedo evitar mi cara de asombro. El maletín contiene enormes cantidades de dinero, no sabría decir una cifra aproximada, pero quizá millones.
Encima de los montones de dinero, hay papeles sueltos. De repente me acuerdo. Me levanto y reviso toda la estancia en busca de ellos, pero no los veo por ninguna parte. No hay enchufes. Vuelvo al maletín y comienzo a revisar los papeles. Son crucigramas, acertijos y demás símbolos que hacía con mi padre.
Hay un papel que llama mi atención. Es una lista con números, los cuales están emparejados con una letra. Recuerdo que solía jugar a aquello con mi padre. Entonces, no sé por qué, es cuando lo veo:
                                                            1=l
                                                            9= p del revés
                                                            3= E
                                                            8= la séptima letra del abecedario: H

Leo claramente: Help. Pero hay algo más…combino los números y obtengo una fecha 1983. Me llevo las manos a la cara. Todas las piezas comienzan a encajarme. Sé quien escribe, sé quién está en peligro…

Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 3.
                         Escribe un relato que suceda solo en las redes sociales                                        

                                  © Este relato tiene todos los derechos reservados 


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En el zulo

Despierto. La cabeza parece que me va a estallar, debe ser del golpe que anoche me dejó inconsciente. Lo único que recuerdo es que la puerta trasera de la cocina estaba abierta y me escabullí. Corrí tanto como pude, grité pidiendo socorro, pero nadie me oyó. Tan solo se oía el soplo del viento. En aquel maldito lugar no había nada, estaba en el culo del mundo.

Entonces me alcanzaron, me arrastraron de nuevo hasta aquel zulo oscuro que olía a humedad y orines. Forcejeé con uno de los que me asían el brazo, volví a gritar y después…tan solo recuerdo oscuridad. Me incorporo y me llevo las manos a la sien. Estoy sangrando. Esos hijos de puta no se saldrán con la suya.



En el mes y medio que llevo aquí debo de haber adelgazado ocho kilos. Tan solo me alimento de comida enlatada, no me fio de la comida que esa panda de cabrones hace, aun no quiero morir, aun soy joven, pero sobre todo quiero ver como se pudren en la cárcel.


Oigo pasos al otro lado de la puerta. Debe de ser la hora. En aquel sitio he perdido la noción de las horas. Una mujer de pelo castaño entra acompañada de dos hombres corpulentos, pero hay más, creo que son seis.  La mujer se agacha y recoge la bandeja intacta de comida que momentos antes me llevó y desaparece por la puerta. Los dos hombres me miran, uno deja ver su sonrisa maléfica. Se mete la mano al bolsillo y saca un móvil. No quiero hacerlo, pienso, no quiero seguir jugando. Muchas veces he pensado en acabar con todo, pero hay mucha gente que pagaría las consecuencias de mi muerte. Lo único que me mantiene con vida son las imágenes que veo en la pequeña pantalla que hay colgada frente al mohoso colchón en el que duermo. Las imágenes que hacen que quiera luchar, pero a la vez me matan por dentro.


Acepto con ojos llorosos el móvil que aquella sonrisa musculosa me ofrece. Por lo menos pude elegir la hora en la que empezar a jugar. Lo activo y comienzo mi juego semanal de los miércoles, juego que para mí es una maldita tortura.

Mando el primer mensaje, el segundo, el tercero…No puedo soportarlo, noto como lentamente la sangre de mis venas se convierte en fuego, el estómago se me encoge por segundos y mi cuerpo se emborracha de cólera. No puedo seguir torturando a más personas, pero sé que si me niego las pondría en peligro, sé de lo que esta panda de animales es capaz de hacer, lo he visto antes. Continúo con lo que me ordenan. De repente, las imágenes de la pequeña pantalla desaparecen. Me estremezco. Por favor, que vuelvan pronto, me digo.
—¡Mierda! —exclama uno de ellos.
—¿Qué hacemos? —le pregunta el otro.
El primero, se acerca hasta a mí y me dicta a escribir lo siguiente:
📱Que mierda has hecho, Paula?
Se ha ido la luz, joder📱
📱Lee muy atentamente: cómo se te ocurra hacer alguna estupidez estás muerta, entendido?
Pasan unos minutos. No obtengo respuesta. ¡Por lo que más quieras, Paula, contesta!, grito en mi interior. No puedo soportar la idea de que haga alguna tontería, no ahora, no cuando tengo la certeza de que esta horrible pesadilla va a acabar. Los dos hombres caminan pensativos por la habitación. Se están empezando a impacientar. Hace unas semanas mataron al gato de Paula tras descubrir que fue a la policía con aquellos misteriosos mensajes. Esto ha sido un aviso, me dijo uno de ellos, la próxima es ella. Cierro los ojos pidiendo no sé muy bien a qué su contestación. Entonces el móvil vibra. Ha contestado. Bien Pula, bien. En el mensaje pone , pero es suficiente. El hombre que antes estaba junto a mí, se acerca de nuevo, se arrodilla y me pregunta:
—¿Dónde está?
Le miro penetrantemente a los ojos. Deseo escupirle en la cara, romperle la mandíbula, pero lleno de aire mis pulmones y le contesto:
—En la buhardilla.
—Pues ya sabes lo que tienes que hacer.
Cojo de nuevo el móvil y tecleo:
📱Sube a la buhardilla, debajo del escritorio hay dos losas sueltas, las quitas y sacas el maletín que allí encontrarás. Asegúrate de que no esté vacío
Entonces, vuelve la imagen a la pantalla. No la veo. Ya habrá subido, pienso. Unos minutos más y todo esto habrá acabado. Sé que es una chica lista. Llevaba tiempo esperando que algo así ocurriera, pero jamás pensé que nos implicara a Paula y a mí. Un día en el que me disponía a ordenar la buhardilla, encontré en uno de los cajones del escritorio unos papeles. Los revisé y vi que eran crucigramas y demás acertijos que Paula solía hacer con su padre en los ratos libres. No sé por qué, pero decidí guardarlos en aquel maletín, quizá sí lo hice a conciencia, sabía que aquel dinero no nos pertenecía.
El padre de Paula se había metido en los últimos años en líos, había conseguido reunir una gran cantidad de dinero trapicheando con bandas y demás personas muy peligrosas, pero el muy cobarde huyó sin pensar en las consecuencias que ello acarreaba. Cuando me secuestraron, no vi salida, pensé que mi vida había acabado, que después de mí irían a por Paula, pero entonces, vi la luz cuando aquella panda de desalmados me dio la opción de escoger en qué hora enviar los mensajes.
Debía ser una hora en la que Paula no tuviera nadie a su alrededor, pues podría tener la tentación de pedir ayuda y ser descubierta. La vigilaban. La seguían a su instituto, a casa, colocaron pequeñas cámaras por las que controlaban todos sus movimientos. De modo que, no dudé en elegir la hora perfecta. 19:38. 1983, mi año de nacimiento y, también un mensaje secreto que sabía que Paula lograría descifrar, porque lo sé, es mi hija. También sé que en la buhardilla no podían vigilarla, por lo que podía resolverlo sin miedo. Y…bueno, no importa si es hoy o mañana cuando consiga pedir ayuda, es invierno, y en la zona en la que vivimos llueve mucho, los apagones son frecuentes.   



 Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo  13. Describe una escena de acoso desde el punto de vista del atacante                                                                                                                                                                © Este relato tiene todos los derechos reservados 



Y como siempre…¡aquí está mi pegatina de este mes!

3 comentarios:

  1. ¡Hola, Sheila! Gran trabajo con estos relatos, han sido muy intrigantes y emocionantes, no podía dejar de leer. Eso sí, el final me ha dejado más dudas de las que me ha resuelto D: XD.

    Lo único que te diría es que se te han pasado algunas expresiones, como "decimo septo" en lugar de "decimoséptimo", o "debe ser la hora" en lugar de "debe de ser la hora".

    Es genial volver a leerte y espero que esos trabajos y exámenes hayan ido muy bien. Felices vacaciones, ¡hasta otra!

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    1. Hola!!
      Me alegro de que te hayan gustado!!
      Es lo que tiene tener límite de palabras, que no nos podemos extender todo lo que queremos, aún así, últimamente me gusta más la idea de dejar los relatos con final abierto, estaría genial leer los diferentes finales que se inventa la gente.
      Gracias por los consejos, los revisaré porque hay veces que de tanto leer me suena todo bien 😂

      Buenas vacaciones a ti también!! Nos leemos!!😚

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  2. Muy buenas!

    Ya estoy por aquí. Jo, este mes los relatos que he leído me están encantando, el tuyo primero es maravilloso. Da miedo de verdad y mola mucho el rollo amenaza por el teléfono asi como la intriga sobre su padre al final del relato (aún no he leído el segundo pero espero que se sepa algo más sobre este tema). Aunque no se desarrolla demasiado en las redes sociales sí que cumple el objetivo al aparecer bastantes mensajes de movil y ser el motor de la trama. Ademas te ha quedado muy bien con el icono del movil, entiendo lo que es sufrir con este relato, a mi me costó la vida dejarlo bien relativamente en el blog.
    Yo creo que el primer relato te sirve para la categoría anual de terror :D

    Sobre el segundo, WOW! qué decir? El final ha sido muy intrigante y me deja con mil dudas, pero sobre todo me ha dejado loca pensar que era alguien coaccionado quien mandaba los mensajes. Concretamente su madre, puf, es que me ha desbaratado todos los esquemas.

    Enhorabuena por la pegatina completa, han sido dos relatos muy buenos y me ha gustado mucho leerlos. ¡Ánimo con los siguientes y disfruta mucho de las vacaciones!


    Sólo un capítulo más.

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