lunes, 19 de febrero de 2018

Origireto Frebrero 1 y 2. El camino hacia Godmont. Goldmont.

Hola amantes de las letras!
Han sido muchos los días que he dedicado a escribir mis 2 relatos para el #OrigiReto2018, una iniciativa de los blogs Solo un capítulo más y La Pluma azul de Katty.
Como ya comenté en la anterior entrada, ahí podéis encontrar las bases del reto así como todas las temáticas propuestas. ¿A qué estáis esperando para apuntaros?
Espero que después de tantos días dedicándome a ello, el resultado sea bueno y os guste, a mi no me desagrada del todo.
Antes de deciros a qué objetivos pertenecen, como siempre, quiero que leáis los relatos y opinéis qué os parecen.
¡Aquí los tenéis!
 
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El camino hacia Goldmont


Robert Nolan era un joven articulista local del periódico El Diario Matutino de  veintitrés años. Llevaba trabajando para el periódico casi cinco años. Había sido descubierto por el señor Salazar un día en el que este paseaba por la plaza de la Goleta y vio a gente aglutinada. Se acercó para ver que ocurría y descubrió a un joven desarrapado y mugriento con lápiz en mano y montones de hojas alrededor. El por aquel entonces pobre Nolan, iba todos los días a la plaza en busca de almas que quisieran comprar uno de sus poemas a cambio de unas míseras monedas para poder comer.
 
Ese día, Salazar al ver el don que el muchacho tenía para las letras, se lo llevó a casa y tras una ducha gloriosa, nuevo ropaje y un plato de sopa caliente, le ofreció trabajar para él en el periódico.
Tras ese tiempo, Nolan había conseguido ganarse el respeto de sus compañeros y de Salazar.
Una mañana, mientras estaba en su escritorio redactando la que sería su próxima noticia, Salazar lo hizo llamar a su despacho. Allí el director, como tantas otras veces, lo felicitó por su labor y le encomendó una misión, pues eso le pareció a Nolan. Debería escribir un artículo sobre el manicomio de Goldmont. Para ello, el joven debería ingeniárselas para poder acceder sin ser descubierto.

— Vamos a dejarnos de rodeos, Nolan — le hubo dicho Salazar con ese tono de ahogamiento que adquiría cuando hablaba— ambos sabemos que eres el único capacitado para conseguir esa información, y estoy seguro que te las ingeniarás para traerme la que será la próxima bomba noticiera, confío en ti.
Tras concluir su jornada, el joven regresó a casa a hacer sus maletas. Se enfundó una gabardina gris, sus zapatos Oxford legate negros y un sombrero. Cuando se hubo asegurado de llevar su bloc de notas y lápiz, se despidió de su madre, se montó en su Jaguar Mark II color noche y puso rumbo hacia Goldmont.

Calculó que le llevaría un par de horas llegar a su destino, así que sintonizó una emisora nacional para hacer más ameno su viaje.
Condujo por caminos a los que aún no había llegado la electricidad, por lo que eran caminos oscuros en los que reinaba el silencio y en los que apenas se advertía vida humana.
El manicomio Goldmont estaba a las afueras de la ciudad, de manera que obligaba a quienes quisieran acercarse a lugar tan siniestro a coger vehículo, solo los valientes se atrevían a ir a pie.
Nolan sorteó varios caminos de gravilla, pues había oído que a pesar de ser atajos, muchos de los que los habían elegido habían acabado con el coche destrozado. De manera que optó por ir por los asfaltados, que en aquellos años eran bien pocos.

Mientras conducía en compañía de aquella emisora, Nolan pudo contemplar el paisaje. Carreteras decoradas por verdes y enormes pinos, aunque, si no llega a ser por la blanca luna llena, no hubiera podido discernir el color. Campos de cosechas surgían a uno y otro lado de la carretera esperando la llegada de la primavera para florecer. Era una noche de invierno bonita. El cielo estaba raso, presidido por esa majestuosa luna que hipnotizaba a todo aquel que osase mirarla durante muchos minutos seguidos. El paisaje terrenal aún estaba cubierto por un débil manto blanco producto de las nevadas de semanas atrás. A lo lejos, se podían contemplar muy tímidamente chimeneas humeantes.
Subió el volumen de la radio al escuchar la música de cabecera del informativo que daban cada noche.

—Bienvenidos al informativo nacional de la noche—apuntó una voz al otro lado— hoy es 24 de enero de 1961…

Le siguió una serie de noticias de actualidad tales como una reyerta acaecida en Montejilgero, capital del país. Todo había sucedido muy rápido un hombre vestido de negro se acercó a la mesa de una terraza contigua al museo de arte, sacó un revólver y disparó tres veces a uno de los clientes. Abdomen. Corazón. Y el último en la cabeza. Acto seguido el atacante huyó sin dejar rastro. Los rumores apuntaban a un ajuste de cuentas. También fue noticia el debate parlamentario, la boda de uno de los empresarios más poderosos del país, entre otras. Llegó la sección meteorológica. Al otro lado, una joven voz femenina comenzó a detallar el tiempo que haría en los próximos días.  

— Se avecina un nuevo temporal cargado de lluvias torrenciales. Entrará por el nordeste desplazándose durante los días advenideros hacia el resto del país. Las temperaturas sufrirán un descenso llegando a ser negativas en zonas de montaña acompañadas de cotas bajas de nieve. Por precaución, recomendamos a todos aquellos que deban coger vehículo reducir la velocidad y abrigarse lo máximo posible, pues el frío seguirá protagonizando lo que queda de mes. Buenas noches queridos oyentes.

Nolan bajó de nuevo el volumen. Echó una mirada al cielo. No parecía que fuera a llover pero, por si acaso, decidió acelerar un poco.
Continuó por la angosta carretera que conducía hacia el norte.
A su izquierda, pudo ver entre las ramas de los pinos que se aferraban a empinadas laderas el mar, y al frente, Goldmont.
El manicomio se alzaba en lo alto de esa carretera que trepaba en una cuesta interminable. Su monumental fachada sugería más bien un aspecto carcelario. Su angulosa silueta era un rompecabezas de alas en tinieblas. Estaba rodeado de una ingente verja de forja y pinares tenebrosos. Nolan experimentó un escalofrío que no supo si provenía del frío que estaba comenzando a tener o a la aproximación de aquel lugar.

Entonces, cuando le faltaba poco para llegar, su coche sufrió una avería, dejándolo tirado a mitad del camino. La única señal de civilización que vio cercana fue el manicomio, pero no le pareció buena idea acercarse a tales horas, pues temía que algo pudiera pasarle si descubrían que estaba ahí para realizar una investigación. Su plan era aparecer a la mañana siguiente sin levantar sospechas. Se haría pasar por familiar de algún paciente, sí. Mientras intentaba averiguar la falla del automóvil, vio que se acercaba a lo lejos un coche, le hizo señas, tocó la bocina, pero parecía no tener intención de detenerse. Lo último que el joven pudo ver, fue una intensa y cegadora luz blanca.



Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 20. Crea un relato que suceda en una carretera durante la noche. 

 © Este relato tiene todos los derechos reservados




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Goldmont

Perdió la consciencia por un momento; al despertarse se encontraba tirado frente al manicomio, un conserje enjuto y andrajoso al que le faltaba la mitad de los dientes lo invitó amablemente a pasar para que tuviera un refugio al menos esa noche, Nolan estaba tan aturdido que simplemente aceptó.

El amable conserje, lo llevó hasta una sala fría en la que había una mesa, una silla que se caía a trozos, un estrecho colchón tirado en el suelo, un pequeño armario y un transistor. Nolan interpretó que eso debía ser la guarida de aquel hombre. Le invitó a sentarse en la silla, a lo que Nolan obedeció, pues aún sentía sus piernas flaquear. Mientras Nolan intentaba entrar en calor, el conserje abrió aquel armario que olía a humedad y extrajo un termo. Vertió un poco de café y se lo ofreció al joven que aceptó agradecido.
Aquello sabía a rayos, pero hizo amago de estar saboreando un excelente líquido del mismísimo Baco.
El viejo conserje, contemplaba al joven acariciándose su rala barba.

— ¿Que hacía usted a estas horas de la noche ahí fuera? — preguntó curioso
Nolan tragó nervioso. No podía delatarse. Si le decía quién era su viaje hasta allí no habría valido para nada, así que tendría que inventarse algo.
— Soy nuevo en la ciudad— mintió— buscaba un hostal en el que hospedarme, debí de equivocarme de camino y para cuando me di cuenta mi coche sufrió una avería, después vi a un coche acercarse, pero no recuerdo como llegué hasta aquí— concluyó aferrando la taza.
— Mmm— sopesó el conserje — está bien joven, puede tumbarse en ese colchón, no es mucho pero le bastará para pasar la noche, en el armario tiene una manta, yo voy a seguir mi ronda de vigilancia.
Nolan se lo agradeció y sin más vio como el hombre cerraba la puerta dispuesto a proseguir su trabajo. 
El imberbe articulista buscó la manta donde le había indicado aquel individuo y se tumbó en aquel sucio colchón que olía a orines y humedad. Fue tal el cansancio que su cuerpo sostenía que apenas le dio tiempo a sentir asco por aquel lugar, sus ojos y su mente se cerraron al instante.

Despertó a la mañana siguiente por unos fuertes truenos. Abrió los ojos. Sintió una penetrable punzada en las sienes. Intentó incorporarse pero todo a su alrededor le daba vueltas. Cuando consiguió mantener su cabeza erguida se percató del lugar. Aquello no era la guarida del conserje. No estaba en el viejo colchón en el que se tumbó exhausto la noche anterior. Era una habitación cubierta de paredes blancas, con una ventana forrada con barrotes desde los que se podía ver el exterior de Goldmont. El manicomio estaba rodeado por una ciudadela de estanques cenagosos, un enorme patio y pinares encantados. En aquel lugar no tenía nada, tan solo una cama y una silla. Nolan se acercó a la puerta. Estaba cerrada. Dio varios golpes. Nada. No sabía qué hora era ni quién lo había conducido hasta allí. El cielo estaba cubierto por un extenso manto oscuro. La voz de la sección meteorológica tenía razón, llovería y mucho. Los truenos eran incesantes. Volvió a golpear la puerta. Esta vez oyó un manojo de llaves y como alguien, tras dar con la correcta, la introdujo en la cerradura.

Al otro lado lo recibió una mujer casi sexagenaria, de baja estatura, caderas anchas y ojos saltones.
— Perdone señora, ¿por qué estoy aquí? — quiso saber un nervioso y asustado Nolan
La mujer lo miró por encima de las gafas y soltó una risa maliciosa.
— ¿Por qué va a ser?, todos estáis como cencerros pero nadie lo admite.

Nolan ahogó un grito.

— Ponte esto— le dijo tirándole un pijama blanco con rayas grises— el doctor Raez quiere verte.
¿Doctor? Él no estaba loco. Quiso decírselo a aquella endiablada mujer, pero pensó que sería mejor decírselo al tal Raez.

Cuando se hubo puesto el pijama, siguió a aquella mujer hasta la consulta del doctor. Las habitaciones de los internos estaban situadas a lo largo de aquel corredor cavernoso que yacían en perpetua penumbra, envueltas en un eco espectral.

En la consulta del doctor, intentó explicarle que él no era un loco, tan solo era un joven que venía desde lejos a visitar a unos parientes y que en su viaje se equivocó de camino sin poder recordar cómo llegó hasta la puerta de Goldmont. El doctor no pareció escucharlo. Nolan pudo ver como en el que acertó a adivinar que era su informe escribió: paranoia.

Seguidamente, mandó a dos enfermeros que acompañasen a Nolan a su habitación. Ante eso, Nolan echó a correr por el pasillo. Con suerte saldría ileso de allí. Pero se le plantó en su camino otro enfermero que se lo impidió a toda costa. Lo llevaron hasta una sala donde le dieron fuertes descargas eléctricas directas al cerebro. Y así pasaron tres días. Una  noche se encontró a una joven enfermera a su lado. Nolan se intentó ocultar.

Contempló a aquel ángel. Se llamaba Marina y tenía los ojos más azules que jamás había visto y una perfecta y castaña melena ondulada. Marina le confesó que sabía quién era y que había presenciado como lo torturaban en aquella sala, pero esperó a poder estar a solas con él, de lo contrario también ella podría salir perjudicada. Ante aquello, Nolan también le contó lo que había ido a hacer allí. Marina le ayudaría a escapar aquella misma noche. Para ello, le dejó un reloj de bolsillo y le indicó que cuando fueran las doce de la madrugada bajase hasta las cocinas y que escapase por las puertas traseras.

El joven articulista siguió al pie de la letra las instrucciones de Marina. A las doce, salió de la habitación que la joven había dejado abierta a caso hecho y bajó a las cocinas. Marina lo esperaba allí para despedirlo. Nolan contempló por última vez a su ángel  y salió al patio. Entonces, se volvió y le dijo:
—Pero mi investigación…
—Tranquilo, ven a verme— y tendiéndole un papel entre las manos, posó sus labios en los de él.
Nolan abrió aquel papel que decía:
Calle señorial, nº 18, Portanova.
 Marina Mur
El joven huyó de allí llevándose la mirada de Marina grabada en su corazón a fuego lento.




Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 2. Escribe una historia de terror que suceda en un manicomio 

© Este relato tiene todos los derechos reservados

P.D: siento que el segundo relato no cumpla con el objetivo exactamente, pero para cuando me he dado cuenta ya era tarde, aún así espero que guste.



3 comentarios:

  1. ¡¡Hola!! Muy chulos los relatos ^^ el segundo quizá me ha parecido un poco más acelerado, sobretodo el final, es como que en las últimas líneas da la sensación de que pasa todo muy pronto. Pero buenas historias ambas, sensación correcta de angustia y aprensión, incluso en la primera, que ya tiene un regustillo a mal rollo, que como que lo estás viendo venir que eso no va a salir bien jajaja. Me han gustado sí. Ahora los consejitos :P

    Usas buenas descripciones y palabras pero aunque la idea es muy buena me da la sensación de que tiendes a no terminar de pulir algunas de esas frases, te pongo algunas de las cosillas que encontré:
    "se podían contemplar muy tímidamente chimeneas humeantes"
    ¿Contemplar tímidamente, o que las chimeneas parecen tímidas? Creo que sería más adecuado algo como "se podían contemplar las chimeneas humeantes asomando entre los tejados con timidez" o "se podían contemplar las chimeneas humeantes asomando tímidamente", no sé algo así.

    "disparó tres veces a uno de los clientes. Abdomen. Corazón. Y el último en la cabeza." Esta forma de puntuar me parece un tanto extraña, "Abdomen. Corazón." podrían sustituirse perfectamente por comas. supongo que querías dar más énfasis o te sonaba más dramático, pero tampoco es algo relevante para la historia, pero bueno es personal xD.

    "nordeste", estaba segura que que era noreste, pero lo comprobé y ambas son correctas, todo ok, ¡¡circulen!!

    "acompañadas de cotas bajas de nieve" aquí me suena raro, creo que sonaría mejor "acompañadas de nieve en cotas bajas".

    "pero hizo amago de estar saboreando un excelente líquido del mismísimo Baco." Frase rara. me falta una parte. Quizá cambiar "un líquido" por "el líquido" o algo como "un excelente líquido, como si fuera un vino traído por el mismo Baco" Por que Baco era dios del vino, pero relacionar a Baco con un café es raro si no haces una comparación al menos.

    Pero bueno son consejillos, ya sabes ;3 Todo correcto, objetivos cumplidos y Bonita pegatina. 8op para ti en la próxima actualización ^^

    .KATTY.
    @Musajue

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  2. Hola!
    Ya...es que con 1050 palabras o aceleras o te pasas, por eso tuve que recortar.
    Y esas expresiones...las he escrito porque las he leido o escuchado alguna vez de esa manera, no hay nada que haya rebuscado (a menos eso creo) 😜

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  3. Buenas!


    Al principio pensé que (lógicamente) tu primer relato sería el de terror en un manicomio. Pero cuando vi que te alargabas tanto en el viaje empecé a darme cuenta de que debía ser el de la carretera. ¡Ha sido curioso! Muy buena idea relacionar estos dos relatos, la verdad, aunque por otra parte el primero parece más bien introductorio y no pasa demasiado, salvo las noticias de la radio y la avería del coche. Te deja con ganas de ver como se las apañará en el manicomio.

    Sobre la segunda historia, la verdad es que tiene un juego curioso que te hace pensar que toda la historia del periódico pueda ser invención del protagonista, dentro de su paranoia. De hecho, el final deja un poco abierta esta posibilidad, dado que él en realidad se escapa pero los médicos no le dan "el alta". Y además tampoco sabemos cómo llegó al manicomio desde el coche ni cómo llegó a la celda desde el colchón. Así que me inclino a pensar que todo el primer relato es una paranoia de uno de los internos del manicomio :)

    Todo genial, incluída la pegatina. Enhorabuena!!

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