martes, 20 de febrero de 2018

Debería estar prohibido

Debería estar prohibido nacer esclavo, saber que la primera exhalación de aire ya no es libre, sino que pertenece al mal nacido al que trabajarás.
Debería estar prohibido no poder escuchar los dulces sonidos que nos da la vida, la música hipnotizante de las liras o el amor ondeante de las cuerdas tensadas del violín.
Debería estar prohibido no poder ver las siete maravillas del mundo y la octava, ese fiel reflejo en el espejo de tu hermosa cara, porque es así, eres una persona hermosa.
Debería estar prohibido no poder darle al paladar el exquisito placer de saborear todo cuanto se pone ante ti.
Debería estar prohibido no poder oler los floridos campos, ese perfume impregnado en las pieles de cuantos están a tu alrededor.
Debería estar prohibido no ser el motor de tus movimientos.
Prohibidas también las guerras, los obuses pendientes del cielo y su impacto en la tierra.
Debería estar prohibido el pasar hambre, el pasar frío por no tener cobijo, las miserias y penalidades.
Debería estar prohibido el sufrir infantil, que los niños y niñas pudieran ver su cabeza desnuda mientras intentan luchar contra el fantasma que se les ha colado en su cuerpo y no quiere salir.
Debería estar prohibido no sentirse querido.
Prohibidas las miradas, caras y almas tristes.
Debería estar prohibido romper los sueños porque, soñando, es la única manera de poder evadir cuantas prohibiciones hay en este jodido y a la vez fantástico mundo.

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