jueves, 25 de enero de 2018

Palabras a orillas del mar

Hoy he pensado en ti, mamá. Siempre lo hago, a cada momento, pero hoy es un día muy especial para mi.
He recordado tus abrazos, tus sonrisas y tus llantos, tus besos, tus palabras...Esas palabras que hacían que algo en mí se despertara, esas palabras de ánimo que conseguías sacar aunque tu día fuese gris.
Me apoyaste en todo momento, da igual que me equivocara o acertara, tú siempre fuiste el pilar de mi vida.
Lloré mucho el día que te fuiste, aún hoy derramo alguna lágrima al hablar de ti, pero siempre te recuerdo como la mujer valiente que fuiste.
Me dejaste cuando acabé mi último curso de instituto, sin saber cómo seguir adelante y sin tus palabras de consuelo.
Tuve que mudarme con la tía Julia. Para mi fue duro porque tuve que renunciar a muchas cosas: mis amigos, el futuro que tenía pensado, nuestros recuerdos en aquella casa...todo.
Pero, me dejaré de dramas, sí, se que la sensibilidad me puede, pero déjame que te cuente algo. ¿Recuerdas cuando de pequeña siempre te decía que quería ser profesora?
Te sentaba en el sofá, te colocaba un libro sobre las rodillas y me ponía frente a ti a explicarte la lección y si te veía distraída te dejaba sin hora del juego. Tú te limitabas a reír y me decías: <<Algún día serás una gran profesional, Irene>>.
He de decirte que no estudié para profesora. Estudié para algo más, para ser pedagoga. Te preguntarás, o quizás ya lo sepas, porque tú siempre fuiste muy lista, qué es eso de ser pedagoga. Te diré para que lo entiendas, que ser pedagogo es ser experto en educación, es ser el formador de formadores, "la crème de la crème" como dirían los franceses.
Yo tampoco sabía del tema hasta que la tía Julia comenzó a hablarme de la pedagogía, ella fue la que me introdujo en este mundo del que decidí formar parte.
Recuerdo mis años de universidad como los mejores. Reí, lloré, aprendí, disfruté...Es cierto que el primer año fue difícil para mí, me encontraba en un lugar nuevo, sola, perdida, preguntándome a cada momento si había elegido el mejor rumbo. Hubo momentos en los que no me sentí capaz de seguir, no podía. Pero entonces, siempre recordaba algo que a menudo solías decir: "cuando un objetivo te parezca difícil o imposible, no intentes cambiar el objetivo, busca un camino mejor para llegar hasta él". Fue así como poco a poco fui mejorando, conocí a gente maravillosa, otra no tan maravillosa, aprendí a crecer como persona pero siempre recordando quien era.
Aprendí a tratar con todo tipo de profesionales, de personas, conforme pasaba el tiempo crecía mi emoción por ese mundo.
Te sorprenderías si vieses la sociedad que hemos creado. Una sociedad contaminada mamá, una sociedad en la que te intentan controlar, el tiempo gira en tu contra, una sociedad corrompida por malos actos de los que nos gobiernan, una sociedad donde crecen los acosos, el egoísmo y el vacío personal. Ya apenas quedan personas con capacidad de argumentar.
Durante estos años he aprendido que no somos nada sin educación, sin ella sólo somos meros animales. No quedan verdaderos profesionales de la educación mamá, por eso esa necesidad de implicarme en este campo, para poder cambiar eso, poder formar a nuevas generaciones.
Creo firmemente que esta sociedad necesita gente que se implique, que crea en el compromiso, que se case con su trabajo, de esta manera se podrá lograr transmitir mejor las cosas.
He luchado mucho durante estos años para convertirme en una buena profesional.
¿Sabes algo? Hace dos años me gradué. Sí, al fin lo conseguí. Por fin soy pedagoga. En parte se lo debo a la tía Julia, sin ella no hubiera sido posible. Ella fue la que me descubrió este mundo, la que contribuyó a que cada año pudiera matricularme, la que me animaba en los momentos en los que no conseguía encontrarte.
Hoy, después de diez años, puedo decirte con orgullo que soy pedagoga terapéutica.
Trabajo con niños que requieren de algún tipo de adaptación educativa, yo me encargo de crearles los planes, organizarles el material, hablar con los profesores, las familias...
Estoy encantada mamá, disfruto con mi trabajo y ayudando a estos niños.
Quiero seguir aquí, no me importa si en ocasiones me siento cansada, es mi sueño. Ahora formo parte de este mundo, ayudo a crecer a personas, a formarlas, a prepararlas para el futuro, a que desarrollen sus capacidades, les animo a que persigan sus sueños. No importa si en el camino hay obstáculos, saltalos, solo así lograrás abrirte camino hacia tus metas y llegar a ser la persona que este mundo necesita de ti.
Hoy he pensado en ti, mamá.
Estábamos en el mar. Yo sentada en la orilla sobre la arena escuchando una de tus lecciones, por una vez tu eras la profesora y yo la pedagoga.

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